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La mayoría de las veces que se forman gases en el estómago e intestino se debe a algo que la persona comió o bebió. Una de las principales causas es el consumo de bebidas carbonatadas y la ingesta de algunos alimentos. Algunas enfermedades, incluso algunos medicamentos, pueden contribuir a la formación de gas en el aparato digestivo. Los gases pueden ser bastantes incómodos, producir dolor y pueden provocarte alguna que otra situación embarazosa pero lo más importante es que no suelen ser dañinos. Aún así, los casos severos y prolongados se deben comunicar al médico porque a veces pueden ser síntoma de un problema mayor.

Un sistema digestivo sano contiene miles de millones de bacterias de numerosas especies en el intestino que viven en simbiosis con el cuerpo humano. Algunas de estas bacterias producen gases como producto de desecho tras metabolizar los restos de comida no digerida. En el sistema digestivo también hay bacterias que consumen y metabolizan estos gases y producen otros tipos de sustancias de desecho que se eliminan con las heces. El balance entre las bacterias presentes en el intestino tiene un papel muy importante en la cantidad de gas expulsado por el cuerpo humano. En este balance interviene de forma decisiva la dieta y la salud del aparato digestivo.

La bebida y la comida

La causa más común de gases intestinales y estomacales es la ingesta de más gas del habitual. Este gas se puede ingerir contenido en los alimentos y las bebidas o tragarse al deglutir. Por ejemplo, las bebidas carbonatadas contienen altas cantidades de dióxido de carbono disuelto (un gas). Los chicles y caramelos duros también empeoran los gases ya que se tienden a tragar de forma más frecuente debido a la alta salivación mientras se chupa y se masca. La ingesta excesiva de gas también se produce cuándo se come mucho, rápido o no se mastica bien antes de tragar.

Mucha gente experimenta hinchazón y flatulencia tras beber leche o comer productos lácteos. Esto se debe a una digestión ineficiente o incompleta de la lactosa, el azúcar de la leche. La digestión de la lactosa es menor aún en las personas con algún grado de intolerancia a la lactosa. La lactosa no digerida pasa al colón dónde existen bacterias que la metabolizan y producen gases en el proceso. Por motivos parecidos, una dieta rica en fructosa (el azúcar de la fruta) puede provocar una alta producción de gases en el intestino de algunas personas al igual que alimentos ricos en almidón (patata, maíz, etc).

Los alimentos muy grasos también pueden conducir a este problema ya que necesitan más tiempo para digerirse completamente. Esto significa que las bacterias tienen más tiempo para metabolizar la comida en el intestino. Comer menos alimentos ricos en grasas promueve además un vaciado gástrico más rápido ayudando a disminuir la sensación de hinchazón.

Aumentar el consumo de fibra es sano, no hay lugar a dudas, pero puede incrementar la producción de gas en el intestino. Pero no toda la fibra tiene el mismo efecto. Las alubias y leguminosas en general, coles, coliflor o el repollo son de los alimentos cuya fibra produce más gases (y más malolientes). Pero esto no implica una mala digestión de estos alimentos como normalmente se cree, por el contrario estos vegetales no son nada indigestos. Si el aumento de consumo de fibra se realiza de forma gradual daremos tiempo a que el aparato digestivo y la población de bacterias que vive en él se puedan acomodar a la mayor cantidad de fibra y la producción de gases será menos intensa.

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Enfermedades que causan flatulencia

Algunas enfermedades y alteraciones del tracto gastrointestinal a menudo cursan con la aparición de un mayor volumen de gases además de síntomas como hinchazón, espasmos y retortijones, dolor o diarrea. Entre estas enfermedades podemos citar el síndrome de colon irritable, colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn. Algunas infecciones, como la gastroenteritis, también pueden producir una alta cantidad de gases en estómago e intestino.

En el caso de enfermedades crónicas, como el síndrome de colon irritable, los síntomas pueden persistir incluso cuándo se está siguiendo el tratamiento médico y se ha modificado la dieta. Esto es debido a que las alteraciones crónicas del aparato digestivo interfieren con el proceso de digestión normal y el tratamiento de estas enfermedades suele ser bastante difícil, de hecho las personas que sufren alguna de estas enfermedades suelen pasar por varios tratamientos diferentes así como cambios dietéticos hasta lograr controlar los síntomas.

Medicamentos

Algunos tipos de medicamentos pueden alterar la digestión y producir gases y flatulencia. Este es el caso de los antibióticos. Algunos antibióticos rompen el equilibrio de las poblaciones bacterianas naturalmente presentes en el intestino. Esto se produce en especial con los antibióticos de amplio espectro, aquellos que matan a muchas especies de bacterias diferentes y que afectan también a algunas de las especies que viven en nuestro intestino. Otros medicamentos que causan gases son algunos utilizados en el tratamiento de diabetes tipo 2 al bloquear la digestión de los hidratos de carbono.

Cuándo el problema es provocado por los antibióticos, los síntomas desaparecerán tras el fin del tratamiento a medida que la flora bacteriana intestinal se reestablezca. Tomar suplementos probióticos o yogur con fermentos vivos durante unos días puede ayudar a mejorar la alteración del aparato digestivo al promover la repoblación de la flora bacteriana.

Cuándo acudir al médico

En la mayoría de los casos el exceso de gases gastrointestinales se debe a razones sencillas e inocuas, como un cambio en la dieta y hábitos alimenticios. Sin embargo, algunas causas son más serias y por ello es recomendable que toda aquella persona que padezca de gases durante más de una o dos semanas, acompañados o no de otros síntomas, acudan a un profesional médico. La mayoría de causas serias de gases viene acompañadas de fuerte dolor estomacal, sangre en heces, fiebre, vómitos o dolor en el pecho.

Si el médico ve indicios de que pueda haber algún trastorno grave detrás de los gases lo más común es que solicite pruebas diagnósticas como análisis de sangre, análisis de heces o pruebas de imagen (radiografía, ecografía, resonancia magnética, etc).

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