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Al nacer, cuándo los polluelos de flamencos rompen el cascarón, sus plumas son de color gris. En los adultos las plumas crecen blancas, aunque pueden presentar diversas tonalidades de rosa, rojo y naranja, en función del contenido en carotenoides de su dieta.

Los flamencos viven en lagos, humedales y otras zonas acuáticas. Se alimentan filtrando agua e ingieren algas, crustáceos, moluscos y larvas de insectos. Las algas y los crustáceos suelen contener altas cantidades de carotenoides, unos pigmentos orgánicos de tonalidades rojas y naranjas. Los crustáceos no producen los carotenoides sino que los obtienen a través de la dieta y los acumulan en su cuerpo. Los carotenoides también se encuentran en muchos vegetales, como tomates, zanahorias, batatas o calabaza.

Al igual que los crustáceos, los flamencos absorben los carotenoides de los alimentos. Como los carotenoides son liposolubles, se disuelven en la grasa del animal y forman depósitos en las nuevas plumas. Así, a medida que un flamenco se hace adulto, el color de sus plumas va tornando hacia los colores de estas sustancias.

El color de los flamencos depende de la cantidad y tipo de carotenoides que ingieren. Los más comunes en los dieta de los flamencos son xantólifas como la astaxantina y la cantaxantina.

El contenido en carotenoides de las algas y crustáceos varía en las diferentes especies y hábitats alrededor del planeta, y por eso los flamencos de diferentes regiones tienen un color diferente. Por ejemplo, los flamencos caribeños son generalmente rojos o naranjas brillantes, mientras que los flamencos de Kenia suelen ser de un rosa más pálido.

Si un flamenco deja de ingerir alimentos que contengan carotenoides, sus nuevas plumas serán más claras, incluso completamente blancas. Un ejemplo claro del típico dicho de “somos lo que comemos”.

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