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Un sueño normal idóneo se caracteriza por un descanso ininterrumpido e inconsciente de siete a ocho horas por cada ciclo de 24 horas. Mientras estamos dormidos, el ritmo cardíaco es generalmente menor que cuándo se está despierto, pues los músculos se relajan profundamente, las necesidades metabólicas son menores, la temperatura corporal desciende y el sistema circulatorio puede bajar su actividad, incluyendo la frecuencia de los latidos del corazón.

Si tuviésemos unas pulsaciones por debajo de 60 ppm (pulsaciones por minuto) mientras estamos despiertos, sufriríamos bradicardia (frecuencia del nodo sinusal del corazón inferior a 60 ppm) y podría ser indicio de enfermedades cardiovasculares, encefálicas u otros problemas de salud. Sin embargo, durante la fase de sueño profundo se considera normal un ritmo cardíaco de 40 – 50 ppm .

El descenso que experimenta el ritmo cardíaco durante el sueño no es igual para todas las personas ni durante toda la vida. Tampoco es igual durante todas las distintas fases de sueño, pero la mayoría de expertos están de acuerdo en que el ritmo cardíaco debería descender en torno al 8% respecto a la frecuencia cardíaca basal (ritmo cardíaco en vigilia y estado de reposo). Un descenso menor podría alertar sobre algún problema de salud tales como hipertensión, obesidad, diabetes y otras enfermedades crónicas como apnea del sueño o infarto de miocardio, todas ellas enfermedades en las que se ha observado que la frecuencia cardíaca durante el sueño es más elevada que en condiciones normales.

El ritmo cardíaco en las diferentes etapas del sueño

El ritmo cardíaco comienza a disminuir tan pronto como comenzamos a quedarnos dormidos, incluso puede comenzar desde el momento que nos preparamos para dormir o sabemos que vamos a hacerlo. Así se desprende de un estudio realizado en el año 20061 según el cuál en la transición vigilia-sueño (fase 1 del sueño) se producen cambios en el sistema nervioso autónomo que llevan a un predominio del sistema parasimpático que explicaría, entre otros, el descenso del ritmo cardíaco.

Después de quedarnos dormidos, la frecuencia de los latidos del corazón sigue disminuyendo durante las fases 2 (sueño ligero), 3 (transición al sueño profundo) y 4 (sueño delta). Durante el sueño delta el ritmo cardíaco alcanza la frecuencia mínima durante todo el período de sueño. Tras el sueño delta viene la fase 5, más conocida como sueño REM, durante la cuál el ritmo cardíaco puede variar notablemente de una persona a otra e incluso en la misma persona en días diferentes.

Durante la fase de sueño REM tiene lugar la mayor parte de la actividad cerebral y es cuándo se desarrollan los sueños. El estado fisiológico durante esta fase es muy variable, probablemente debido a las reacciones emocionales a los sueños. Como consecuencia, la frecuencia de los latidos del corazón puede aumentar, junto a la frecuencia respiratoria, incluso por encima de la frecuencia cardíaca basal cuándo se está despierto. Debido a esta variabilidad, no se puede hablar de una frecuencia cardíaca “normal” durante la fase REM.

Referencias

  • Shinar Z., Akselrod S., Dagan Y., Baharav A.. (Diciembre 2006). Autonomic changes during wake-sleep transition: a heart rate variability based approach. Autonomic Neuroscience, 130 (1-2):17-27. PMID: 16759916
  • Bonnet H. M.. (1997) Heart rate variability: Sleep stage, time of night, and arousal influences. Electroencephalography and Clinical Neurophysiology, 102(5):390-6. DOI: 10.1016/S0921-884X(96)96070-1
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