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Existen diferentes tipos de actividades contempladas legalmente como acoso y para la mayoría existen instituciones y organismos públicos a los que las víctimas pueden acudir. Las características comunes en cualquier tipo de acoso es que el comportamiento ofensivo es persistente en el tiempo, causa angustia en la víctima y es socialmente reconocido como inapropiado. En algunos casos, como el acoso sexual en el trabajo, un sólo incidente puede justificar una investigación pero generalmente el autor ha de ser advertido de que sus actos no son apropiados antes de que un determinado comportamiento pueda ser clasificado como acoso.

Los tipos de acoso más comunes son:

  • Acoso escolar o bullying
  • Acoso laboral o mobbing
  • Acoso sexual
  • Acoso inmobiliario
  • Ciberacoso o ciberstalking. El acoso escolar a través de internet también se conoce como ciberbullying.
  • El acoso físico o stalking.

El acoso sexual es una de las formas de acoso más comúnmente reconocidas. Este tipo de acoso puede realizarse a través del lenguaje, gestos o amenazas. Cuándo existe contacto físico el acoso puede pasar a considerarse agresión o violación según el caso. Al hablar de acoso sexual no se tiene en cuenta el género, estatus u orientación sexual del autor/víctima.

La acción de acoso de acreedores y el conocido como acoso policial, son formas de acoso de personas en posiciones de poder que utilizan su posición para crear angustia en las víctimas injustamente a menudo mediante lenguaje inapropiado y contactos constantes. En el caso de acoso por acreedores, la deuda existente hace que la víctima se sienta impotente y que no acuda a solicitar ayuda legal contra el acosador. En el acoso policial también es difícil que la víctima busque ayuda dada la posición de defensores de la ley de la policía.

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El acoso físico es otra de las formas de acoso más comunes y consiste en persecución intrusiva constate. Los actos del acosador pueden parecer inocuos fuera de contexto pero se ven claramente como amenazas serias cuándo se observan dentro del contexto en el que están sucediendo. Cuándo la constancia y frecuencia de los actos de acoso se convierten en algo realmente molesto, incluso una simple llamada de teléfono puede atemorizar a la víctima.

Otra formas de acoso, como el acoso físico o stalking, pueden ser más difíciles de procesar judicialmente, sobre todo cuándo están involucrados menores. Este el caso del acoso escolar, o bullying, que comienza generalmente como un comportamiento aceptado por otros adolescentes del entorno y en el que las víctimas son vistos como débiles. La intención del bullying es causar angustia en la víctima a través de presión psicológica e incluso violencia física por lo que claramente cumple con los requisitos para considerarse acoso desde un punto de vista adulto. A los niños pequeños, como en guarderías, se les deja pasar frecuentemente este comportamiento porque se supone que no son capaces de causarse daño permanente unos a otros. No obstante, el acoso escolar durante la adolescencia puede llegar a ser muy grave requiriendo en muchos casos el cambio de centro escolar, incluso hay casos en los que la víctima termina suicidándose.

Además de estos tipos de acoso más comunes, otros tipos de acciones pueden considerarse como acoso y ser enjuiciadas. Por ejemplo, si una persona siente pánico ante las arañas y otra persona la rodea constantemente de imágenes de arañas tras haber sido advertido, se puede considerar como acoso debido a su intencionalidad y el efecto sobre la víctima.

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