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Los calambres musculares son espasmos por contracciones involuntarias del músculo esquelético que permanecen un cierto tiempo sin relajarse. Es frecuente que causen dolor junto a una sensación que se suele describir como “tirón” o “latigazo” causada por la tensión repentina del músculo.

Los calambres musculares pueden afectar a un grupo de fibras musculares dentro de un músculo o a varios músculos a la vez. Se pueden dar en cualquier parte del cuerpo, pero es mucho más frecuente en pies y piernas, sobre todo en los dedos de los pies, planta del pie y pantorrilla. También son comunes en manos, muslos, brazos, abdomen y caja torácica.

Las causas pueden ser muy diversas. Incluyendo el uso de fármacos y drogas, falta de sueño, enfermedades de diversa índole (autoinmunes, neurológicas, metabólicas, fasciculaciones, estrés, ansiedad) o deficiencias nutricionales, pero la causa más frecuente es el desequilibrio de electrolitos y fatiga muscular, por eso es frecuente que aparezcan después de practicar ejercicio físico.

Aliviar un calambre

Cuando los calambres aparecen no hay ningún método 100% eficaz para que remita. Si se está practicando deporte, lo primero que hay que hacer es parar y descansar. A continuación se intenta relajar los músculos afectados mediante masaje y estiramiento. Se puede masajear con las manos o con algún objeto, combinar con acupresura (presionar con los dedos en el músculo y en las zonas de inserción) e ir estirando el músculo poco a poco, contrayendo, estirando y masajeando de nuevo.

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Se puede ayudar con calor local y se debe asegurar una correcta hidratación, si es posible con bebidas isotónicas que también aportan electrolitos. Si el dolor no desaparece se pueden utilizar antiinflamatorios, generalmente antiinflamatorios no estoroideos (naproxeno, ibuprofeno).

Los calambres en los pies y las pantorrillas son muy comunes y generalmente son pasajeros y no suponen ningún peligro, pero si se vuelven frecuentes, constantes o van empeorando, se debe acudir al médico o a un profesional de salud para que valore la necesidad de realizar pruebas de diagnóstico y un posible tratamiento específico.

Prevención

Si no hay una enfermedad ni condición subyacente que produzca los calambres, su aparición suele ser indicativo de sobre ejercitación muscular, desequilibrio de electrolitos, deshitración por práctica de ejercicio físico o por déficit nutricional.

Entre las recomendaciones más habituales para prevenir los calambres musculares, encontramos:

  • Seguir una dieta variada, sana y equilibrada. En caso de déficits nutricionales, consultar con un profesional de salud la posibilidad de introducir cambios en la dieta o de tomar suplementos.
  • Calentar y estirar los músculos a diario para aumentar su flexibilidad y mejorar el riego sanguíneo; imprescindible hacerlo antes y después de practicar deporte.
  • Mantener una buena hidratación y aporte de electrolitos correcto, sobre todo antes y después de hacer ejercicio físico, ya que se pierde mucha agua y minerales a través del sudor. Se pueden utilizar bebidas isotónicos o suplementos de sales minerales,
  • Cambiar las rutinas de ejercicios o su intensidad para adecuarlas a la capacidad individual.
  • Utilizar un buen calzado.

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