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Las zonas de rift, o simplemente rift, son zonas de la corteza terrestre en las que aparecen fisuras y fallas como consecuencia de la divergencia de dos placas tectónicas. Son zonas de actividad magmática y sísmica frecuente y en ellas es típica la aparición de fisuras volcánicas y fosas tectónicas. Se localizan en los llamados límites constructivos, que son los límites entre dos placas tectónicas que se separan y por dónde se va formando nueva corteza a partir del magma que asciende desde el manto. Por ejemplo, las dorsales oceánicas o los rift continentales.

Los rift comienzan a formarse con una distensión linear de la parte superior de la litosfera. Esta divergencia produce una serie de fallas en principio inconexas que dejan cuencas separadas entre sí. A medida que el rift evoluciona, algunas fallas crecen y pueden unirse con otras formando grandes valles y depresiones.

La corteza terrestre se va haciendo cada vez más delgada y la zona de transición entre la corteza y el manto (Discontinuidad de Mohorovičić o Moho) queda cada vez más próxima a la superficie. Finalmente, las fuerzas de distensión y el empuje del magma desde el manto rompen la corteza produciendo un gran número de fisuras y grietas a través de la cuáles sale magma. El magmatismo de estas zonas representa aproximadamente el 80% de toda la actividad magmática de la superficie terrestre.

Los rift pueden pasar por varias fases de forma alterna durante millones de años. Por ejemplo, el rift del Mar del Norte muestra evidencias de diversas fases aisladas en el tiempo que se sucedieron a lo largo de un período de más de 100 millones de años, desde el Pérmico, cuándo todavía existía una gran masa continental unida, hasta comienzos del Cretácico, cuándo ya los continentes como los conocemos hoy estaban mucho más definidos.

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Rift en las dorsales oceánicas

Las dorsales oceánicas son los ejemplos más claros de una zona de rift madura. Por ejemplo, la dorsal mesoatlántica es la zona de rift por dónde se separan la placa tectónica euroasiática y la placa norteamericana y que se sitúa en el centro del océano Atlántico. El magma va saliendo por las fisuras y solidificando formando nuevo suelo oceánico. La velocidad de salida de magma y de separación de las placas determina cuánto magma se va acumulando en altura. En las zonas más activas, llamadas puntos calientes, la acumulación de magma forma montañas que pueden llegar a superar el nivel del mar y formar islas, como Islandia o Hawai.

La continua salida de magma en estos puntos calientes crea estructuras características, como los volcanes en escudo. Estos volcanes son de grandes dimensiones y pendiente suave al formarse durante muchos años por capas sucesivas de magma basáltico fluido. Algunos de los ejemplos más destacados son el volcán Mauna Loa, en Hawai, o el volcán Skjaldbreidur, en Islandia (su forma dio origen al nombre de volcán en escudo).

Rift continentales

Las zonas de rift pueden aparecer también en tierra firme en zonas en las que se está creando una nueva separación tectónica. Estas zonas son llamadas rift continentales y el mejor ejemplo es el Gran Valle del Rift, en África Oriental. Las fuerzas divergentes a lo largo de esta nueva zona de separación hacen que la tierra se hunda formando un gran valle, las llamadas fosas tectónicas, cada vez más profundo entre dos cordilleras montañosas. A lo largo de esta zona aparecen puntos calientes y fisuras volcánicas por dónde fluye magma desde el manto. Con el paso del tiempo, el valle llegará a estar por debajo del nivel del mar y comenzará a entrar agua oceánica y un nuevo océano comenzará a formarse.

Zonas de rift fallidas

Se conocen como zonas de rift faliidas a aquellas zonas de rift que no se sitúan entre dos placas en separación. Se originan en zonas de rift entre tres placas tectónicas, dos de ellas acaban formando un nuevo suelo oceánico en separación y la tercera termina formado la estructura conocida en geología como aulacógeno, una fosa tectónica continental.

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