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Las plantas, animales y todos los demás organismos vivos se conocen con diferentes nombres en diferentes regiones. Para evitar el problema de comunicación que esto puede suponer, en el ámbito científico se recurre a sistemas de nomenclatura acordados en convenios internacionales que permiten designar a las especies de una forma sistemática.

El sistema de nomenclatura más utilizado en biología es el sistema binomial, según el cual cada especie recibe un nombre compuesto por dos palabras en latín o latinizadas. La primera corresponde al género, que es el nivel taxonómico inmediatamente superior a especie. La segunda, conocida como epíteto o nombre específico, es la que designa a la especie de forma concreta y la diferencia de otras especies del mismo género.

Por ejemplo, el chimpancé y el bonobo son dos homínidos del género Pan. El chimpancé es la especie Pan troglodytes y el bonobo es la especie Pan paniscus. Ambas especies comparten muchísimas características y están muy próximas evolutivamente, pero no pueden procrear entre sí y por eso constituyen especies separadas.

Los nombres científicos, mucho más difíciles de aprender y recordar, no son los más utilizados de forma coloquial, sino que se suelen utilizar los nombres chimpacé y bonobo. Estos nombres utilizados de forma común son los que se conocen como nombres vernáculos. y son propios de un idioma, un país, una región o, en general, cualquier grupo de personas con relación socialcultural. También se conocen como nombres comunes, populares, vulgares o coloquiales.

Definición y uso

La palabra vernáculo proviene del latín vernaculus, que significa “nacido en la casa de uno” y se utiliza para designar a lo propio de la región o país de nacimiento de una persona. En biología, un nombre vernáculo es cualquier nombre de un organismo que no sea un nombre científico; son los nombres utilizados por la gente en su vida cotidiana y están frecuentemente asociados al idioma, costumbres e historia de la región.

Los nombres vernáculos pueden ser utilizados en todo un país, incluso en varios países en el que se hable el mismo idioma, pero también hay nombres vernáculos utilizados de forma muy localizada en regiones muy concretas. También existen nombres vernáculos que pueden ser conocidos por una amplia población pero muy poco utilizados en la práctica.

A diferencia de los nombres científicos que designan especies concretas, es muy frecuente que los nombres vernáculos se refieran a categorías amplias, a veces incluso abarcando varias familias enteras.

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Por ejemplo, la palabra mono es un nombre vernáculo que se utiliza para referirse a un amplio grupo de primates simiiformes que abarca todo un infraorden con varias familias, decenas de géneros y alrededor de 300 especies.

Muchas veces se utilizan nombres vernáculos que hacen alusión a características del organismo, como características morfológicas, de hábitat, de procedencia o de comportamiento. Por ejemplo, rata parda (Rattus norvegicus), monos aulladores (género Alouatta), lince ibérico (Lynx pardinus), insectos palo (orden Phasmida) o loro gris africano (Psittacus erithacus).

Fásmido o insecto palo
Fásmido o insecto palo (orden Phasmida o Phasmatodea)

En la nomenclatura binomial es muy común que los nombres científicos deriven del latín o del griego y muchas veces los nombres vernáculos también. En estos contextos, los nombres vernáculos y los nombres científicos están tan estrechamente relacionados que a veces son prácticamente el mismo. Un ejemplo muy ilustrativo es el género Rosa, cuyo nombre vernáculo más utilizado en español es igualmente rosa.

Otras veces, por el contrario, la estrecha relación entre los nombres vernáculos y los nombres científicos puede ser muy confusa. Por ejemplo, las ballenas son los cetáceos de la familia Balaenidae y los rorcuales son los cetáceos de la familia Balaenopteridae y sin embargo el rorcual azul (Balaenoptera musculus) es muy conocido popularmente como ballena azul.

En muchos ámbitos científicos y profesionales es frecuente que se adapten los nombres científicos a nombres comunes que son mucho más fáciles de recordar y utilizar de forma cotidiana, a la vez que se mantiene la especificidad de los nombres científicos. Por ejemplo, las ballenas también se conocen como balénidos, nombre derivado del nombre de la familia Balaenidae pero sin los problemas de confusión que puede causar el concepto de ballena y rorcual.

Principales inconvenientes de los nombres vernáculos

Aunque los nombres vernáculos son utilizados en cualquier ámbito, incluyendo el ámbito científico y profesional, presentan varios inconvenientes en comparación con los nombres científicos:

  • Se puede encontrar una misma especie con varios nombres vernáculos incluso dentro de una misma región relativamente pequeña.
  • No puede haber dos especies diferentes con el mismo nombre científico, pero sí existen numerosas especies designadas con un mismo nombre común.
  • Los nombres científicos, como parte de un sistema taxonómico, implica relaciones biológicas y evolutivas entre diferentes organismos que comparten similitudes en el nombre. Los nombres vernáculos no proveen de esta información.
  • Los nombres científicos se pueden utilizar para comunicaciones internacionales con muy poco margen de error o confusión, mientras que la traducción de nombres vernáculos puede originar confusiones por las diferentes acepciones entre regiones e idiomas.
  • Muchísimas especies no tienen nombres vernáculos, especialmente especies raras o sin interés socioeconómico.

Para evitar estos inconvenientes en ámbitos oficiales, gubernamentales y legislativos, es común que se incorporen los nombres científicos junto a una lista de nombres comunes reconocidos para las especies en cuestión. Estos nombres vernáculos a menudo se refieren como “nombres comunes oficiales” o “nombres comunes estandarizados”. Por ejemplo, en España solo puede etiquetarse como merluza para fines comerciales a peces de la familia Merlucciidae.

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