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En botánica, se conocen como árboles perennifolios o de hoja perenne a los árboles que mantienen su follaje durante todo el año, al contrario que los árboles caducifolios que se desprenden de sus hojas de forma estacional. Aunque se pueden encontrar por todo el planeta, los árboles perennifolios suelen ser más comunes climas cálidos y los caducifolios en limas fríos.

Existe una gran cantidad de árboles y arbustos perennifolios. Entre ellos se pueden citar a la a gran mayoría de coníferas (pinos, abetos, ciprés, etc), a la mayoría de angiospermas de climas templados, como los eucaliptos, árboles de bosques tropicales húmedos y otros árboles como los acebos y las cícadas.

En inglés se conocen como evergreen, y en español a veces también se llaman siempreverde, aunque el color de sus hojas no tiene porque ser verde. Los árboles perennifolios se definen por no perder su hoja de forma estacional, no por el color de sus hojas.

Adaptaciones de los árboles perennifolios

Los árboles caducifolios pierden sus hojas como mecanismo de adaptación a un clima frío o a un clima seco. Al perder las hojas pueden ahorrar nutrientes y energía en hojas que podrían morir de todas formas congeladas o por deshidratación. También se desprenden de las hojas en épocas de baja incidencia solar cuando la actividad fotosintética es mínima.

Las plantas caducifolias se adaptan así a las condiciones desfavorables del ambiente, pero cuando vuelven las condiciones favorables necesitan una gran cantidad de nutrientes para que crezcan hojas nuevas y se desarrollen relativamente rápido.

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Desde otra perspectiva, renovar la totalidad de las hojas requiere de una gran cantidad de recursos, lo que puede estar limitado en el ambiente, por ejemplo en zonas con suelos pobres. Los árboles perennifolios presentes en climas con estaciones muy frías o muy secas se habrían adaptado a la escasez de nutrientes con un crecimiento y renovación más lento de sus hojas. Un abeto común puede crecer tan solo unos centímetros al año.

Crecimiento del abeto común
El abeto común puede crecer menos de 5 cm al año

En lugar de perder y renovar todas las hojas de forma masiva, como los árboles caducifolios, los árboles perennifolios pierden sus hojas de forma gradual a lo largo de diferentes épocas del año, no todas a la vez, lo que les permite sobrevivir en suelos muy pobres, por ejemplo en la taiga y los bosques boreales, dónde la temperatura es tan baja que la materia orgánica en el suelo escasea al tardar más en descomponerse.

La mayoría de árboles en bosques húmedos tropicales van renovando sus hojas de forma constante a medida que las hojas envejecen; en estos entornos los árboles de hoja caduca son muy raros. En climas templados la mayoría de árboles siguen siendo perennifolios y los caducifolios también pueden ser comunes. En los climas fríos predominan los caducifolios, siendo las coníferas el grupo de árboles prennifolios más numeroso, que además se convierten en predominantes a menor temperatura.

Las coníferas son un buen ejemplo de estrategia perennifolia como mecanismo adaptativo. Las hojas de las coníferas suelen ser muy finas, en muchas especies con una forma de punzón o aguja, y están recubiertas de una capa cerosa que aisla del frío y reduce la transpiración de vapor de agua.

La mayoría de coníferas son perennifolias y son la vegetación dominante en los bosques boreales de Norteamérica, de Asia y de las zonas más frías del hemisferio sur. Han sido capaces de dominar sobre los árboles caduciflios a pesar de mantener sus hojas en condiciones ambientales muy duras. Hay pocos ejemplos de árboles con hojas anchas que sean perennifolios y que vivan en climas muy fríos.

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En los climas cálidos y secos, las coníferas también se han adaptado muy bien. La capa cerosa reduce la pérdida de agua y la poca superficie de su hojas reduce la incidencia solar, pudiendo así sobrevivir en condiciones muy áridas incluso en suelos pobres.

El rododendro o azalea (género Rhododendron) es otro ejemplo de adaptación a poca disponibilidad de nutrientes; es una planta de hoja ancha perennifolia que es capaz de crecer en suelos de alta acidez, situación en las que los nutrientes están en formas menos disponibles para que la planta los absorba.

La acidez del suelo suele ser una afinidad común en la mayoría de perennifolias y lo utilizan como un mecanismo de autoabonado. La caída continua de sus hojas, con un ratio carbono:nitrógeno generalmente superior que el de las hojas de plantas caducifolias, provoca la disminución del pH y la acidificación del suelo, creando así condiciones que favorecen el crecimiento de más perennifolias en estos suelos con baja disponibilidad nutritiva.

Otra ventaja que suelen ofrecer la perennifolias es la protección que la cubierta foliar perenne ofrece a las plantas jóvenes, que crecen protegidas de las condiciones ambientales adversas.

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