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Prácticamente todos estamos familiarizados con el término cutícula pensando en las uñas, pero el pelo de todos los anímales mamíferos, incluyendo el hombre, también tiene cutícula. Cada pelo de cualquier parte del cuerpo está cubierto de una capa de cutícula en forma de escamas destinada a proteger las partes internas de la fibra capilar.

¿Cómo es?

La cutícula del pelo es la capa más externa, dura y transparente. Las células muertas se van queratinizando y van formando escamas. Cada una de estas escamas se superpone con las adyacentes de forma similar a como se disponen las tejas en un tejado. Una cutícula normal puede tener entre 5 y 7 células de profundidad y está fuertemente unida a la corteza o córtex, la capa intermedia del pelo.

La forma de las células de la cutícula puede variar. Pueden ser alargadas, con forma oval o planas. Otras pueden tener extremos agudos o cónicos. Con esta variedad de formas se consigue la máxima cobertura de las partes internas del pelo asegurando la máxima protección contra los agentes externos, como veremos a continuación en las funciones de la cutícula.

¿Qué funciones tiene?

La cutícula representa la primera línea de defensa del cabello frente a agentes externos protegiendo las estructuras internas de la fibra capilar que son más vulnerables, como la corteza y la médula. La cutícula es, además, responsable de gran parte de la resistencia mecánica del pelo y controla la cantidad de agua de la fibra capilar, es decir, su hidratación, a lo que se puede atribuir el brillo del pelo sano.

Por debajo de la cutícula se encuentra la corteza, o córtex, una capa formada por células alargadas en la que se encuentran los pigmentos que dan color al pelo. Esta capa también es responsable de la forma y elasticidad. Más internamente está la capa llamada médula, formada por células redondeadas con una unión muy laxa entre ellas. La médula está presente sólo en los pelos más gruesos.

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¿Cómo mantener una cutícula sana?

La cutícula se puede dañar por la acción de agentes externos, como el sol o el viento. Pero el mayor daño suele provenir de una manipulación mecánica excesiva, como el cepillado, uso de calor, como secadores y planchas para el pelo, o productos químicos agresivos, como tintes y permanentes.

Cuándo el pelo es tratado con agentes químicos la cutícula es alterada. Por ejemplo, los tintes, alisantes o las permanentes han de penetrar al córtex, por debajo de la cutícula, para alterar la forma y color del pelo. Estos son procesos muy agresivos para la cutícula que puede quedar seriamente dañada.

El daño en la cutícula capilar conlleva una pérdida de protección y pérdida de brillo dando una apariencia opaca. Una cutícula dañada deja vulnerable a las capas internas de la fibra capilar, mucho más débiles, haciendo que el cabello sea mucho más frágil y quebradizo.

Existen diversos tratamientos y formas de mejorar las cutículas dañadas. Evitar los procesos dañinos descritos anteriormente, tomar un suplemento vitamínico específico para el pelo y aumentar el consumo de frutas y verduras nos ayuda a mantener una cutícula sana y favorece la reparación de las partes dañadas. No te peines fuertemente, al contrario, cepilla siempre con suavidad, utiliza accesorios y peinados que no tiren demasiado, no te laves el pelo a diario y utiliza acondicionadores que ayuden a la hidratación y salud de la cutícula. En caso necesario, acude a un profesional del cuidado capilar que te recomiende tratamientos específicos para tu situación.

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