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La contaminación térmica es un tipo de contaminación ambiental producida por el incremento o descenso de la temperatura del medio, ya sea suelo, aire o agua, aunque el tipo más frecuente con bastante diferencia es el incremento de temperatura en masas y cauces de agua.

Aunque pueda o no estar relacionado con el calentamiento global del planeta, la contaminación térmica se suele referir a un ámbito mucho más localizado, por ejemplo, el aumento de la temperatura de un lago por los vertidos de agua caliente de una fábrica cercana.

Tipos

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Aumento de la temperatura del agua

Una fuente común de contaminación térmica son vertidos de agua caliente provenientes de los sistemas refrigerantes de centrales térmicas, centrales nucleares y otros procesos industriales.

Por ejemplo, las centrales nucleares utilizan el calor desprendido de reacciones de fisión nuclear para producir energía eléctrica. El rendimiento no es del 100%, sino que se queda frecuentemente por debajo del 50%, en función del tipo de reactor. El resto de energía se libera en forma de calor y se utiliza agua como refrigerante, pues es económica, de alta disponibilidad y efectiva para disipar calor. Por este motivo, las centrales nucleares suelen estar cerca de ríos, lagos y mares.

Descarga de agua de una central
Esquema del circuito de agua de un central termoeléctrica

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Para evitar el problema de la contaminación térmica de este tipo, el agua se hace pasar por torres o zonas de evaporación antes de ser vertidas al medio. Aunque este método disminuye considerablemente la temperatura, produce otros efectos perjudiciales, por ejemplo el aumento de la concentración salina o la alteración de otras propiedades fisicoquímicas del agua.

Otra fuente común de contaminación térmica en el agua son las escorrentías urbanas durante estaciones cálidas. Los pavimentos alcanzan temperaturas elevadas calentados por el Sol y pueden tener un impacto muy significativo en el calentamiento de pequeños cauces ante lluvias y tormentas.

Para evitar la contaminación térmica por escorrentías urbanas, se pueden utilizar diferentes métodos, como sistemas de biorretención, estanques de infiltración o, menos efectivos, estanques de retención.

Efectos ecológicos

Los gases son menos solubles en líquidos calientes, por lo que el aumento de temperatura del agua hace disminuir la cantidad de oxígeno disuelta. Aunque no se produzca un cambio de temperatura muy elevado, puede tener un fuerte impacto sobre la vida acuática, incluyendo peces, anfibios, plantas, algas, microorganismos o insectos.

La elevación de la temperatura también puede aumentar la tasa metabólica de algunos organismos, como algunas bacterias o tipos de algas, que pueden llegar a desarrollar una superpoblación con efectos negativos sobre el ecosistema; por ejemplo, una superpoblación de algas puede consumir casi todo el oxígeno del agua y producir cambios en la cadena trófica que resulten en un descenso de la biodiversidad.

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Otros organismos, por el contrario, pueden sufrir alteraciones metabólicas que resulten en un mayor ratio de mortalidad o en problemas reproductivos, lo que contribuiría también al descenso de la biodiversidad.

El aumento de temperatura en masas de agua cercanas a poblaciones humanas puede afectar directamente a su salud. Por ejemplo, puede aumentar el riesgo de transmisión y tasa de incidencia de ciertas enfermedades, por ejemplo enfermedades tropicales.

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Descenso de la temperatura del agua

En algunos casos se puede dar lo contrario y que se produzcan vertidos de aguas más frías. Por ejemplo, es muy frecuente que la liberación de agua desde depósitos y embalses se realice en sumideros inferiores, lo que hace que se libere agua de las capas más frías. Este efecto se puede mitigar con diseños alternativos de los embalses.

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Shock térmico

Cuándo se dan cambios drásticos o rápidos sobre la temperatura del medio, el hábitat puede sufrir un shock térmico. Peces, plantas y otros muchos organismos pueden desaparecer o abandonar la zona en poco tiempo.

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