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La atrofia cutánea es una afección de la piel caracterizada por la reducción de su grosor y pérdida de sus funciones y propiedades, especialmente de las fibras elásticas. Se ve afectada sobre todo la epidermis, la capa más superficial de la piel, que se vuelve más frágil, se regenera con más lentitud y es más propensa a heridas y ulceraciones.

¿A qué se debe?

En general, la atrofia es la manifestación de una reducción del volumen celular y, en consecuencia, del órgano del que forman parte. Las células atróficas, además, tienen disminuida su función. En este sentido, la atrofia se puede entender como una involución en la morfología y funcionalidad celular, lo que implica que previamente haya habido células sanas.

Es, por tanto, una enfermedad adquirida, diferencia esencial de otras afecciones similares, como la hipoplasia o la aplasia, que tienen un origen congénito. También se debe diferenciar de otras afecciones que cursen con disminución del volumen de órgnanos y pérdida de funcionalidad debido a procesos necróticos, ya que en la atrofia no hay una muerte celular traumática sino que las células siguen vivas, aunque disminuidas en tamaño y funcionalidad.

El término atrofia proviene del griego àtrophos, “sin nutrición”, y hace referencia a la causa subyacente de las atrofias, que es la falta de nutrientes o su uso ineficiente por parte de la célula, es decir, interferencias en el metabolismo celular por cualquier causa o motivo.

En el caso concreto de la atrofia cutánea, las causas mas comunes son la edad y el tratamiento con corticoides tópicos:

  1. Edad: el envejecimiento provoca un metabolismo más lento e ineficiente y una menor capacidad de regeneración. Por este motivo, es normal que se desarrolle cierto grado de atrofia cutánea con la edad, a la que se conoce como atrofia senil.
  2. Tratamientos farmacológicos: algunos fármacos pueden producir atrofia cutánea como efecto secundario. En el caso de los corticoides, es un efecto secundario bastante frecuente, especialmente si se aplican por vía tópica (cremas, pomadas, lociones, etc).
  3. Enfermedades: algunas enfermedades provocan atrofia cutánea entre sus síntomas. Por ejemplo, la dermatomiositis, el lupus eritomatoso cutáneo o la diabetes.
  4. Radiación

Síntomas más destacados

Los síntomas más evidentes de la atrofia cutánea son una piel más fina, seca, descamativa y tirante como consecuencia de la pérdida de elasticidad. Estos síntomas pueden ir acompañados de picor y enrojecimiento. Además, la piel puede aparecer con una textura áspera, parecida al papel. Los vasos sanguíneos, huesos y otras estructuras subcutáneas se vuelven más prominentes y se hacen más visibles.

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Debido a estos síntomas, la atrofia cutánea suele ser objeto de preocupación por el aspecto estético, pero es un problema de salud que puede tener consecuencias mucho más allá de la apariencia.

La piel es una barrera física que, entre otras funciones, forma parte de la respuesta inmune al protegernos de agentes externos. Cuándo está atrofiada, es más fácil que se rompa, se desgarre y que pueda ser atacada por agentes infecciosos, además de recuperarse más lentamente de estos problemas. En la piel atrofiada es frecuente que aparezcan erupciones, escaras o dermomicosis (infecciones por hongos).

Ante los primeros síntomas, es recomendable acudir al médico para que evalúe las posibles causas y los tratamientos disponibles. La mayoría de tratamientos incluyen cambios en los hábitos de cuidado de la piel, especialmente en lo que respecta al uso de jabones y cosméticos, y una hidratación más profunda.

El tratamiento de la atrofia cutánea también puede incluir intervención farmacológica, tanto con la prescripción de nuevos tratamientos, como estimuladores de regeneración celular, como la retirada de tratamientos que estén contraindicados.

Cuándo la atrofia cutánea es producida por el tratamiento con corticoides, el profesional de salud deberá evaluar la conveniencia de seguir o no con su utilización valorando los riesgos y beneficios. En caso de que se retiren los croticoides, y en función del tiempo transcurrido y el daño causado, la piel puede tardar bastante tiempo en recuperarse completamente, incluso más de un año.

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