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La arqueología forense es una rama de las ciencias forenses que aplica los principios, técnicas y metodología de la arqueología a un contexto legal, principalmente medicolegal. Por ejemplo, al excavar en la zona de un crimen, o en el área sospechosa, el equipo de arqueólogos forenses es capaz de tamizar montones de arena para encontrar y aislar una única pista o prueba, es decir, se investiga la escena de un crimen desde una perspectiva arqueológica. Terrenos dónde frecuentemente se requiere a un equipo de arqueólogos forenses son cementerios, fosas y lugares de enterramiento, edificios quemados, etc. La policía requiere en algunas ocasiones la participación de un equipo de arqueología forense para recrear la escena de un crimen indagando en toda una zona haciendo un trabajo similar al que se hace en las excavaciones arqueológicas que intentan buscar civilizaciones prehistóricas, edificios o animales y recrear como vivían.

Características generales

Los arqueólogos forenses son contratados por la policía y otras agencias y cuerpos de seguridad con el propósito de encontrar pruebas y evidencias del pasado. A menudo el objetivo es eliminar elementos encontrados en la escena de un crimen y que no están relacionados con el crimen; de este modo, reconstruir lo que ocurrió se convierte en una tarea mucho más fácil. Cada elemento no relacionado con el crimen y que no sea eliminado satisfactoriamente puede hacer que los investigadores pierdan una enorme cantidad de tiempo intentando ver la implicación de este elemento en el crimen, incluso puede que les haga seguir una línea de investigación falsa.

Los arqueólogos forenses pueden estudiar escenas y terrenos muy diferentes, casi siempre intentando encontrar, localizar y registrar restos enterrados. Las escenas más comunes se pueden clasificar en estos grupos:

  1. Objetos pequeños o personales de la víctima de un crimen que han sido enterrados: estos objetos se pueden utilizar para corroborar una hipótesis o la declaración de un imputado y también pueden añadir nuevos y valiosos datos. Los objetos pueden ser muy variados: armas, teléfonos móviles, dinero, carteras, etc.
  2. Posibles tumbas y lugares de enterramiento: la arqueología forense trata de localizar restos humanos en zonas dónde es posible que hayan sido enterrados los cuerpos o restos. Una vez localizados intentará reconstruir que ocurrió antes de la muerte, por ejemplo, cómo y cuándo murió. Esta búsqueda se puede realizar como parte de una investigación en curso, a la vista de nuevas pruebas en casos sin resolver o, menos común, por nuevas declaraciones de testigos o condenados por delitos ya juzgados y supuestamente cerrados.
  3. Enajenaciones de la superficie corporal en víctimas recientes sepultadas: en algunos casos de víctimas que quedan sepultadas bajo escombros, ramas de árboles, basura, o cualquier otro material, el trabajo de los arqueólogos forenses estudiando el material sobre el cuerpo de la víctima y el circundante puede dar valiosas pistas para la investigación e incluso tener un gran valor probatorio. La colaboración en estos casos de un arqueólogo, entomólogo y botánico forense puede llegar a establecer de forma muy precisa y detallada la fecha en la que el cuerpo llegó al lugar, en la que murió y si se debió a un accidente o a un crimen intencional.
  4. Fosas comunes: en casos en los que se requiere la apertura o búsqueda de fosas comunes es imprescindible la arqueología forense. Estos casos están comúnmente relacionados con crímenes de guerra y su principal objetivo es encontrar a víctimas de la guerra para que puedan ser reconocidos por sus familiares, lo que generalmente frena el ciclo de violencia y odio entra las partes que estuvieron implicadas y que puede durar varias generaciones después del conflicto bélico.
  5. Disputas civiles que involucran pruebas enterradas: por ejemplo, encontrar antiguas líneas de cercados o pasos de agua en disputas civiles por límites de propiedad.

Existen disciplinas asociadas que pueden ayudar mucho en las excavaciones arqueológicas-forenses, principalmente la entomología y botánica forense, que mediante el estudio de plantas, semillas, cenizas o insectos alrededor de la zona de enterramiento, pueden ayudar a reconstruir con mayor detalle y exactitud lo ocurrido.

Al igual que un arqueólogo determina la edad de un fósil o una reliquia encontrada en una excavación, el arqueólogo forense ha de determinar frecuentemente cuándo tuvo lugar el crimen investigado. Para ello se utilizan varias técnicas y métodos, como el estudio de las tasas de descomposición de la materia orgánica circundante o la profundidad y características de estratos superiores de sedimentos. Cuándo se quiere probar la temporalidad de un crimen, el testimonio de arqueólogos forenses es muy valioso. Del mismo modo que los arqueólogos pueden describir como vivía una comunidad prehistórica, la arqueología forense es a menudo capaz de construir una imagen muy realista de la escena de un crimen.

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