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La adrenalina es una hormona y neurotransmisor producido por las glándulas suprarrenales. La denominación común internacional (DCI) es epinefrina, término mucho más utilizado en el ámbito médico. Esta hormona se produce especialmente en situaciones de estrés, excitación o nerviosismo.

Sus poderosos efectos son parte de la respuesta del organismo ante el peligro y entre ellos destacan el aumento del ritmo cardíaco, contracción de los vasos sanguíneos y dilatación de las vías respiratorias; todos encaminados a un aumento del flujo sanguíneo hacia los músculos y de oxígeno a los pulmones. La adrenalina se utiliza cómo tratamiento en algunos casos de alto riesgo para la vida como shock anafiláctico o paro cardíaco.

Las glándulas suprarrenales

Las glándulas suprarrenales, también conocidas como glándulas adrenales (del latín ad- y renes, literalmente “junto al riñón”), están situadas justo encima de cada riñón en el cuerpo humano, de ahí su nombre. Tienen una longitud aproximada de 7.5 – 8 cm y producen varias hormonas, entre ellas la adrenalina.

La adrenalina se clasifica dentro de las catecolaminas, un grupo de hormonas relacionadas con la respuesta al estrés. Otras catecolaminas son la norepinefrina (o noradrenalina) y la dopamina. Estas tres hormonas ejercen su función en varios tejidos y órganos del cuerpo para prepararlos para responder a situaciones de estrés.

La respuesta al estrés

La respuesta al estrés es un concepto utilizado para referirse a las reacciones del cuerpo ante situaciones en las que se requiere una respuesta física importante. Esta respuesta es una adaptación evolutiva que permite al cuerpo reaccionar rápidamente a un peligro. Dilatar las vías aéreas permite captar una mayor cantidad de oxígeno aumentando el rendimiento físico para responder a un aumento de actividad repentino (como puede ser la huida). La contracción de los vasos sanguíneos en casi todo el cuerpo redirige la sangre a través del corazón, pulmones y los principales grupos musculares para ayudar a la respuesta física inmediata.

Cuándo una persona se encuentra en una situación peligrosa, el hipotálamo, situado en el cerebro, ordena a las glándulas suprarrenales la liberación de adrenalina y otras hormonas directamente al torrente circulatorio. La respuesta del cuerpo tiene lugar en cuestión de segundos dando una respuesta física potente de forma casi instantánea. Se incrementa tanto la fuerza como la velocidad y disminuye la capacidad de sentir dolor. Es lo que se conoce como “subidón de adrenalina”.

El estrés como enfermedad psicológica se debe a la exposición continua de situaciones estresantes para la persona que desencadenan la liberación de adrenalina sin que haya un peligro del que huir o sin que este se pueda enfrentar (por ejemplo situaciones laborales o familiares). El cuerpo se encuentra en esta situación de alerta y preparado para afrontar una amenaza.

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Efectos secundarios

Además de aumentar la fuerza y rendimiento general del cuerpo, la adrenalina también causa algunos efectos secundarios. El aumento de la presión arterial y el aumento de oxigenación sanguínea pueden producir síntomas frecuentes como mareo y visión borrosa. Estos efectos secundarios remiten solos y pueden durar hasta 1 hora.

Cuándo hay estrés pero no hay un situación peligrosa real, la adrenalina provoca irritabilidad e inquietud. Esto se debe en parte a que la adrenalina causa un aumento de glucosa en sangre estando disponible energía que el cuerpo no está gastando. En la actualidad es normal que situaciones estresantes sean además situaciones con poca actividad física, sumando ambos se produce un estado de ansiedad que, de forma mantenida, desemboca frecuentemente en alteración del estado de ansiedad normal, una de las enfermedades psicológicas más frecuentes hoy en día. El ejercicio físico ayuda a quemar este extra de energía y a producir hormonas que contrarestan los efectos de la adrenalina.

Aunque la adrenalina juega un papel importante en la supervivencia, niveles altos y continuos de adrenalina hacen que el corazón esté sometido de forma constante a una presión elevada y, en algunos casos, llevar a un fallo cardíaco. Además, niveles altos de adrenalina producen insomnio y un estado de nerviosismo alterado, síntomas típicos de estrés crónico.

Usos médicos

La adrenalina se sintetizó en un laboratorio por primera vez en el año 1904 y es un fármaco que se utiliza en situaciones graves en las que la vida del paciente está en serio peligro. Es común su uso en casos de shock anafiláctico (anafilaxia). Cuándo se ven signos de una reacción alérgica severa se ha de administrar rápidamente. Algunas personas con alergias severas llevan inyecciones de epinefrina autoinyectables para casos de emergencia. Estas personas reciben instrucciones muy detalladas y precisas de sus médicos sobre como proceder en caso de necesidad y cómo pincharse la adrenalina.

La epinefrina es también uno de los principales fármacos utilizados para tratar las paradas cardíacas y algunos tipos de arritmias. La epinefrina estimula el músculo cardíaco incrementado el ritmo de los latidos del corazón. También ayuda a la recuperación del paciente al promover una mayor circulación sanguínea en corazón, pulmones y cerebro.

La adrenalina también se utiliza en combinación con anestésicos locales, por ejemplo lidocaína. La adrenalina produce la constricción de los vasos sanguíneos de la zona retrasando la retirada del anestésico local; se consigue así una mayor duración del efecto anestésico.

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