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Llamado formalmente Trastorno de Identidad Disociativo (TID) y conocido también como Desorden o Trastorno de Personalidad Múltiple, es una de las enfermedades mentales menos comprendidas y con más alto grado de controversia entre los profesionales. Se caracteriza por la existencia de dos o más identidades que se alternan en el control del comportamiento de la persona. Es común que se confunda con esquizofrenia, ya que el término de “personalidad disociada o dividida” es frecuentemente utilizado para describir la esquizofrenia. Se han observado casos, aunque muy raros, en los que una de las personalidades padecía esquizofrenia.

¿Qué es?

El Trastorno de Identidad Disociativo es un diagnóstico recogido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (comúnmente conocido como DSM-IV) pero con un gran escepticismo entre los profesionales de salud sobre si existe realmente como trastorno mental en sí mismo o como delirio de origen iatrogénico o cultural.

Existen dos características que definen al Trastorno de Identidad Disociativo:

  1. Presencia de dos o más identidades o estados de personalidad claramente identificados, también llamados alter, que tienen formas diferentes de relacionarse con el mundo y que se alternan en el control del comportamiento del individuo.
  2. Las diferentes personalidades sufren lapsus de memoria y, en general, no recuerdan información sobre las demás personalidades. Esta amnesia es generalmente referida como “tiempo perdido” ya que los pacientes tienen la sensación de lapsos de tiempo de perdidos. Una característica importante de los períodos amnésicos es que no son uniformes entre las diferentes identidades; una personalidad puede saber cosas que no sepan las demás.

Se estima que aproximadamente el 3% de los pacientes ingresados en las unidades psiquiátricas hospitalarias sufren trastorno de identidad disociativo y que afecta 9 veces más a las mujeres que a los hombre. No obstante, la disparidad de criterio profesional sobre el diagnóstico de esta enfermedad, incluso la duda entre muchos profesionales sobre su existencia, hace difícil que se pueda contar con datos exactos sobre su prevalencia. Debido a esto también, es frecuente que los pacientes de TID tengan un historial de diversos diagnósticos previos de problemas mentales sin haber respondido a los tratamientos.

¿Cuáles son las causas?

No hay evidencias que prueben la existencia de causas específicas del Trastorno de Identidad Disociativo. La teoría más extendida atribuye el TID a traumas severos durante la infancia. Una de las formas en las que se cree que un individuo puede responder a procesos traumáticos es el blindaje de los recuerdos hacia el trauma, en otras palabras, disociar su memoria. Existen datos que relacionan fuertemente el TID y el trauma infantil llegando a asegurar que se ha comprobado que el 85% de los pacientes adultos de TID han sufrido maltrato durante su infancia o procesos que han supuesto una fuerte carga emocional.

Hay indicios de un mayor riesgo de padecer TID si existen antecedentes familiares, aunque esto no quiere decir que la enfermedad sea hereditaria, de lo cuál no hay evidencia alguna.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas del Trastorno de Identidad Disociativo incluyen numerosos signos inespecíficos muy parecidos a otros cuadros psiquiátricos, como ansiedad o esquizofrenia, incluso pueden aparecer síntomas que simulan enfermedades no mentales. Es frecuente la depresión, intentos de suicidio y episodios de automutilación. Entre los signos y síntomas más comunes podemos encontrar:

  • Disociación: episodios con lapsus de memoria especialmente significativos si se producen en eventos importantes de la vida personal y familiar, como nacimientos, bodas, etc
  • Ser acusado de mentir a menudo pero no reconocerlo. Por ejemplo, decirle que hizo cosas pero no recordarlas o recordar otras
  • Experimentar saltos en el tiempo o el espacio. Por ejemplo, encontrarse en un lugar sin saber como se ha llegado
  • Tener cosas sin recordar como se han obtenido
  • Encontrarse con un desconocido y que parezca conocerle como otra persona, llamarle con nombre diferente, etc
  • Oir voces internas y conversaciones entre otras personas dentro de sí mismo
  • No reconocerse a sí mismo en el espejo
  • Sentirse irreal (desrealización)

Con todos estos signos, la vida de los pacientes con TID suele ser muy caótica. Suelen aparecer episodios de depresión y ansiedad severa.

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¿Cómo se diagnostica?

No hay test ni prueba específica para el diagnóstico de Trastorno de Identidad Disociativo. El diagnóstico se suele basar en entrevistas con el paciente y la observación de los síntomas descritos. Un criterio seguido habitualmente es:

  1. Presencia de dos o más identidades o estado de personalidad con una percepción de sí mismo y del mundo diferentes.
  2. Al menos dos personalidades se manifiestan repetidamente tomando control del comportamiento de la persona de una forma claramente identificable (disociación).
  3. No recordar información personal suficientemente importante como para que su olvido no pueda explicarse mediante un olvido común.
  4. Los síntomas observados no están relacionados con el consumo de alguna sustancia, como alcohol u otras drogas, ni con una enfermedad (por ejemplo, epilepsia). Si el paciente es un niño, se debe comprobar de que no se trata de una fantasía.

Es importante señalar que la disociación, uno del los principales síntoma de TID, es también un síntoma muy frecuente en otras patologías mentales. por ejemplo borderline. Además, sentimientos, emociones y comportamientos que pueden parecer causa de la disociación, pueden ser también síntomas de otros problemas mentales, como el Trastorno de Somatización, esquizofrenia, fuga disociativa, trastorno bipolar o el estrés postraumático, entre otros muchos.

¿Cómo se trata?

La psicoterapia es considerado como el tratamiento base del Trastorno de Identidad Disociativo. Los terapeutas guían a sus pacientes para encontrar una forma de que los diferentes aspectos de sí mismos coexistan y trabajen juntos. También se trabaja en el desarrollo de técnicas para evitar episodios disociativos o técnicas para que el paciente pueda obtener información de los lapsus de memoria. El objetivo es facilitar que los diferentes estados de personalidad puedan coexistir en paz. El objetivo reintegrador, actualmente en segundo plano, intenta conseguir integrar las diferentes identidades en una sola, lo que frecuentemente conducía a los pacientes a sentir que el terapeuta quería “matar” a partes de ellos.

Durante las sesiones de psicoterapia es frecuente utilizar técnicas de hipnosis para canalizar episodios disociativos para conseguir dos objetivos: obtener más información sobre los síntomas y los diferentes estados de personalidad y para aumentar el control del paciente sobre estos episodios.

La Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDREye Movement Desensitization and Reprocessing), una técnica utilizada para desensibilizar y reprocesar procesos traumáticos, es cada vez más utilizada como parte del tratamiento del Trastorno de Identidad Disociativo.

La farmacoterapia utilizada va destinada a controlar síntomas como ansiedad, depresión o compulsividad. La terapia electroconvulsiva es considerada por algunos profesionales viable para tratar los episodios de depresión severa que no respondan a otros tratamientos, si bien esta terapia está actualmente sometida a estricta reglamentación y su uso varía mucho de unos países a otros: en algunos no se utiliza, en otros sólo de forma voluntaria y con anestesia mientras que en otros aún se sigue utilizando sin anestesia o de forma involuntaria.

Pronóstico

Las diferencias entre psiquiatras en el diagnóstico y tratamiento hace muy difícil prever resultados en el tratamiento del TID. En general se considera una enfermedad crónica grave con un tratamiento largo en el que se puede conseguir una vida en paz pero limitada si se controlan bien los síntomas. Existen casos de rehabilitación completa.

Los pacientes de TID tienen un alto riesgo de abuso de alcohol y otras sustancias. Es bastante frecuente que lleven a cabo intentos de suicidio que en ocasiones pueden llegar a consumar. La calidad de vida del paciente suele ir en detrimento como resultado de no poder mantener un trabajo y tener cada vez mayores dificultades para relacionarse con los demás.

Referencias

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