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La fibra alimentaria es una parte fundamental de la dieta, aunque no aporte calorías ni ningún nutriente esencial, sus efectos sobre la flora bacteriana y el tránsito intestinal hace que tenga repercusiones sobre la salud general. Las recomendaciones de fibra se sitúan entre los 20 y los 40 gramos diarios, alrededor de 15 gramos de fibra por cada 1000 calorías en la dieta, pero un exceso de fibra también puede tener efectos adversos.

El consumo de altas cantidades de fibra en cortos períodos de tiempo provoca como síntomas principales flatulencia, meteorismo y distensión abdominal. Estos síntomas se deben a los gases procedentes de la fermentación bacteriana que tiene lugar en el colon.

Si se ingieren altas cantidades de fibra insoluble sin una correcta hidratación se puede dificultar el tránsito intestinal y llegar a producir o empeorar casos de estreñimiento, en casos extremos se puede llegar a obstrucción intestinal por formación de fitobezoares. La fibra soluble también puede enlentecer el tránsito intestinal si no se mantiene una hidratación adecuada. Al mismo tiempo, altas cantidades de fibra con suficiente hidratación conducirá a diarreas, incluso con retortijones y espasmos.

El exceso de fibra en la dieta también interfiere con la absorción de algunos nutrientes, especialmente minerales como hierro, cinc, magnesio y calcio. Esto puede ser un problema de especial interés en dietas con exceso de fibra continuado, lo cual suele ser raro y más asociado con el consumo de suplementos de fibra que con el consumo de fibra a través de los alimentos.

Para incorporar fibra a la dieta de forma adecuada se recomienda ir incrementando la cantidad un poco cada día, espaciar la ingesta de alimentos a lo largo de las diferentes comidas y mantener un correcto aporte hídrico. Una dieta rica en fibra suele incluir cereales integrales, frutas y verduras frescas. Los suplementos de fibra se deberían utilizar solo en momentos puntuales de necesidad.

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