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Los antibióticos son un tipo de fármacos antimicrobianos capaces de matar o inhibir el crecimiento de bacterias de forma selectiva, lo que hace posible desarrollar antibióticos para combatir infecciones sin que perjudiquen también a las células del organismo.

El descubrimiento de los antibióticos supuso unos de los principales avances de la medicina del siglo XX, llevando a la marginación numerosas enfermedades infecciosas, como la tuberculosis, graves y asociadas a una tasa de mortalidad muy alta hasta entonces.

Bacterias resistentes

En la actualiadad, la creciente aparición de bacterias resistentes a los antibióticos es uno de los principales problemas de salud pública. Estas bacterias no responden a los tratamientos con determinados antibióticos, generalmente los de más fácil acceso, por lo que sus infecciones son muy difíciles de tratar y pueden llegar a causar la muerte.

Las resistencias bacterianas provocan cientos de miles de muertes anuales en todo el mundo y algunas estimaciones aseguran que superarán los 10 millones para el año 2050, lo que supondría más muertes que el cáncer2.

Una de las principales razones de que se desarrollen resistencias a los antibióticos a un ritmo tan rápido es su mal uso y abuso, tanto en el ámbito humano como veterinario.

Existen algunos antibióticos que además de acción contra las bacterias, también tienen acción contra protozoos, pero en general los antibióticos no son efectivos contra otros tipos de infecciones que no sean bacterianas. No son efectivos, por ejemplo, contra infecciones víricas como puede ser el resfriado común o la gripe.

Existe una relación directa entre la exposición a un antibiótico y la aparición de bacterias resistentes a ese antibiótico. Así que, a medida que el uso de un antibiótico se va haciendo más común, mayor posibilidad de que aparezcan resistencias contra él.

¿Por qué se producen las resistencias?

Las resistencias a los antibióticos aparecen cuándo una bacteria sufre algún cambio que reduce o elimina la acción de algún antibiótico. Cuándo esto ocurre, la bacteria podrá crecer y multiplicarse incluso en presencia de un antibiótico que antes se utilizaba para matarla.

Si una bacteria adquiere resistencia a múltiples antibióticos, su tratamiento se vuelve muy complicado, incluso imposible. Por ello hay que extremar al máximo las precauciones para evitar el contagio a otras personas, especialmente entre miembros de la familia, compañeros de trabajo y centros de salud.

Cada vez que una persona toma antibióticos, las bacterias sensibles mueren, las resistentes sobreviven. Las bacterias pueden sobrevivir al tratamiento a través de varios mecanismos; por ejemplo, cambios en la permeabilidad de la membrana hacia las moléculas de antibiótico, secreción activa de antibiótico hacia el exterior celular o modificación del lugar de ataque para que el antibiótico no lo pueda reconocer.

Las bacterias que sobreviven pueden entonces multiplicarse y reemplazar a la población bacteriana que había sido eliminada, contagiarse a otros individuos o pasar al medio y crear focos de infección y reservorios. En otras palabras, la exposición a los antibióticos representa una presión selectiva sobre las poblaciones bacterianas, se podría asemejar a la presión selectiva natural que guía la evolución de las especies, pero a un ritmo acelerado.

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Cada vez que se utilizan antibióticos se ejerce esta presión selectiva. Por ello, uno de los principales motivos de la aparición de resistencias es el mal uso de los antibióticos. Si los antibióticos se utilizan cuándo no son necesarios y se abusa de ellos, por ejemplo ante un resfriado, no solo no conseguimos el efecto terapéutico deseado, sino que la presión selectiva sobre las bacterias es continuada y habrá más posibilidades de que se desarrollen mecanismos de resistencia.

Pero además de que sobrevivan bacterias resistentes, las bacterias que antes eran sensibles pueden hacerse resistentes mediante mutación genética o mediante la adquisición desde otras bacterias de los fragmentos de ADN responsables de la resistencia.

De esta forma, infecciones bacterianas para las que había tratamiento pueden hacerse imposibles de tratar y necesitar de antibióticos poco comunes, de difícil acceso y generalmente muy caros. En muchas ocasiones no se encuentra alguno efectivo.

El papel de los plásmidos

Uno de los principales mecanismos de transferencia de material genético entre bacterias son los plásmidos, pequeños fragmentos de ADN que se replican de forma independiente al ADN cromosómico, salvo los llamados plásmidos integrativos que son capaces de integrarse en los cromosomas bacterianos. Una vez integrados se conocen como episomas.

Plásmidos
Plásmidos

Los plásmidos están presentes en casi todas las bacterias y también se han observado en algunos hongos, especialmente levaduras. La información genética que contienen los plásmidos suelen otorgar ventajas competitivas, como puede ser alguna capacidad metabólica o la resistencia a antibióticos, características que permitirán que las bacterias que posean el plásmido sobrevivan mas fácilmente que las demás.

La conjugación genética, que consiste en el intercambio de plásmidos, es uno de los principales mecanismos de variabilidad genética en las bacterias y uno de sus principales mecanismos evolutivos. Diferentes bacterias, a veces incluso de diferentes especies, pueden intercambiar el ADN plasmídico y compartir las ventajas que hayan adquirido.

Si una bacteria recibe un plásmido que contiene resistencia para varios antibióticos, esa bacteria se vuelve resistente a todos esos antibióticos. A su vez, se convierte en donante y puede transmitir la resistencia a otras poblaciones bacterianas.

Prevención de las resistencias

Las resistencias a los antibióticos es un problema de salud pública grave. Dado que la exposición a los antibióticos es el principal mecanismo de desarrollo de resistencias, la medida preventiva más importante es el uso adecuado de los antibióticos.

Desde el paciente:

  1. Se deben utilizar antibióticos siempre bajo prescripción facultativa e infección bacteriana diagnosticada.
  2. Nunca se deben utilizar antibióticos para tratar infecciones víricas, como el resfriado o la gripe.
  3. Se debe seguir los más fielmente posible la posología indicada por el médico y completar el tratamiento antibiótico hasta el final aunque los síntomas hayan desaparecido.
  4. No se deben tomar antibióticos prescritos a otras personas.
  5. Ante cualquier duda sobre el diagnóstico o el tratamiento, se debe consultar siempre con el médico o profesional de salud de confianza.

Desde los profesionales de salud:

  1. Prescribir y dispensar antibióticos cuidadosamente, sólo cuándo sean necesarios.
  2. Notificar a las redes de vigilancia sanitaria la detección de infecciones resistentes.
  3. Informar a los pacientes sobre el uso correcto de los antibióticos y sobre la prevención de infecciones.
  4. Seguir los protocolos higiénicos para evitar los contagios y expansión de las infecciones resistentes.
  5. El uso adecuado de los antibióticos se debe aplicar también al ámbito veterinario y a las políticas de educación y planificación sanitaria.

Referencias

  1. Resistencia a los antibióticos. Nota de prensa Octubre de 2016, Organización Mundial de la Salud.
  2. Elena Camacho. (07-Noviembre-2016). El arma secreta de las bacterias para hacerse resistente a los antibióticos. EFEfuturo.
  3. Antibiotic Resistance: Questions & Answers. RxList.

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