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El agua del grifo puede oler mal por diferentes causas. Las más habituales son el producido por los productos de potabilización, alta concentración de metales provenientes del propio material de las tuberías, presencia de organismos viviendo en la fuente de agua o filtración de contaminantes ambientales.

El agua del grifo con mal olor o sabor suele seguir siendo segura para el consumo humano siempre que venga de los servicios de abastecimiento de agua potable municipales ya que este agua es comprobada de forma regular (la empresa de aguas municipal tiene la obligación de darte los resultados de estos análisis si se los pides). Si el agua del grifo huele realmente mal, o no proviene del servicio de abastecimiento (pozo o similar), es recomendable que algún servicio de análisis de aguas o de salud pública comprueben si existe algún tipo de contaminación peligrosa. También es recomendable avisar al servicio de abastecimiento lo antes posible si notas un cambio relativamente repentino en el olor, sabor o apariencia del agua del grifo, puede ser una señal de un problema grave.

Causas más frecuentes de olor en el agua corriente

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Productos de potabilización y azufre

El cloro y el azufre son los compuestos químicos que causan mal olor en el agua del grifo con más frecuencia. El azufre puede estar presente en el agua de muchas regiones de forma natural y puede haber subidas en su concentración en algunas épocas del año. El azufre da un toque de olor a huevo y un sabor algo amargo. La fuente principal de cloro en el agua potable es la cloración, el método universal de potabilización. El excesivo olor a cloro puede ser debido a un aumento en las cantidades utilizadas o la subida de concentración en las tuberías por evaporación o estancamiento del agua; abre el grifo unos instantes y el olor a cloro se irá; no suele implicar riesgos para la salud.

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Metales de las tuberías

La otra causa más habitual de mal olor en el agua del grifo se debe a los metales que pasan de las tuberías de conducción al agua. El cobre, hierro o el plomo han sido materiales muy utilizados en la fabricación de tuberías y todos ellos pueden dar sabor y olor al agua. En la actualidad se fabrican preferentemente con cobre (lea más sobre los tipos de tuberías más comunes). El hierro y el cobre no ceden mucho metal al agua y su presencia puede notarse por un color pardo-rojizo en el agua. Un agua que sale del grifo bastante marrón puede ser señal de que las tuberías necesitan una revisión y probablemente una sustitución. El plomo no se usa en la fabricación de tuberías desde hace muchos años pero aún se pueden encontrar muchos edificios viejos que tiene tuberías de plomo. La ingesta de plomo tiene consecuencias negativas para la salud; si crees que el agua de tu casa tiene plomo deberías encargar un análisis para confirmarlo y dejar de beberla (este folleto de la Comunidad de Madrid respecto al plomo en el agua de consumo es bastante interesante).

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Algas y otros organismos

El crecimiento anormalmente alto de algas y otros organismos en las plantas potabilizadores o pozos también puede hacer que el agua llegue al grifo con mal olor. Los tratamientos de potabilización eliminan las algas pero el olor y sabor que dan puede permanecer. No suele representar ningún riesgo para la salud y se pueden eliminar mediante filtros conectados al grifo.

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Contaminantes ambientales

Los contaminantes ambientales pueden filtrarse a las conducciones de agua potable y dar olor al agua corriente. No es habitual que las aguas residuales se filtren a las conducciones de agua potable ya que suelen ir por debajo, pero si pueden ocurrir filtraciones de otros contaminantes provenientes de vertidos. Los más comunes son PCB (policlorobifenilos) y metales pesados como mercurio, plomo o arsénico. En zonas con altas concentraciones de estos contaminantes en el suelo es habitual que las autoridades locales den instrucciones a la población para evitar su consumo. Sigue estas instrucciones a rajatabla, los problemas de salud que estos compuestos pueden provocar son serios. Por recordar un ejemplo grave, podemos nombrar la fuga de vertidos de las minas de Aznalcóllar (Sevilla, España) que tuvieron lugar en 1998 y que dejaron sin agua potable a más de 2,5 millones de personas (información ampliada sobre este tema en El Corredor Verde del Guadiamar, dos años después del vertido de las minas de Aznalcóllar).

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