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Los neurotransmisores son sustancias de síntesis endógena que actúan como mensajeros químicos y transmiten la señal de una neurona a la célula diana a través de la sinapsis.

Cuándo llega un impulso nervioso, los neurotransmisores son liberados al espacio sináptico y se unen a receptores presentes en la célula postsináptica provocando cambios en la excitabilidad eléctrica de su membrana.

Este cambio en la excitabilidad eléctrica se produce mediante un cambio temporal en el flujo de iones a través de la membrana celular y se traduce en un aumento o una disminución de la posibilidad de generar un potencial de acción en la célula postsináptica, lo que se conoce como potencial postsináptico (abreviado PSP de su nombre en inglés).

En función del potencial postsináptico, los neurotransmisores se clasifican en dos grandes tipos:

  1. Neurotransmisores excitatorios: desporalizan la membrana y aumentan la posibilidad de que se genere un potencial de acción. Producen un potencial excitatorio postsináptico (EPSP).
  2. Neurotransmisores inhibidores: mantienen la membrana polarizada y disminuyen la posibilidad de que se genere un potencial de acción. Producen un potencial inhibidor postsináptico (IPSP).

La distinción entre neurotransmisores excitatorios y neurotransmisores inhibidores no es absoluta. La acción de un neurotransmisor se produce por el efecto de la unión entre el neurotransmisor y su receptor, pero un mismo neurotransmisor puede unirse a receptores diferentes y generar respuestas diferentes.

Así, un mismo neurotransmisor puede ser excitatorio si se une a un determinado receptor e inhibidor cuándo se une a otro receptor. Existen neurotransmisores cuya acción predominante es excitatoria, como el glutamato o la epinefrina, otros cuya acción predominante es inhibidora, como el GABA o la serotonina, y otros que no tienen una acción claramente predominante sobre la otra, como la acetilcolina.

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La acumulación excesiva de neurotransmisores excitatorios, principalmente glutamato, puede dañar neuronas, incluso matarlas. Esta situación se conoce como excitotoxicidad y se ha observado en enfermedades del sistema nervioso central tales como el parkinson, el alzheimer, la esclerosis múltiple o los ataques de epilepsia.

Sinapsis tipo I y tipo II

En función de la acción ejercida por los neurotransmisores, las sinapsis también se clasifican en dos grandes tipos. El tipo I o excitatoria y el tipo II o inhibidora. En las neuronas existen ambos tipos de sinapsis y una misma neurona puede recibir miles de señales excitatorias e inhibidoras cada segundo.

La localización de las sinapsis tipo I y tipo II no es homogénea a lo largo de una misma neurona. Las sinapsis tipo I se sitúan típicamente en las dentritas y las tipo II en el cuerpo celular.

Atendiendo a esta característica podemos diferenciar dos zonas en la neurona, un árbol dentrítico excitatorio y un cuerpo celular inhibitorio. Esta disposición es muy importante en la modulación de la transmisión nerviosa.

Adición de potenciales postsinápticos en el cono axónico
Adición de potenciales postsinápticos en el cono axónico

Las señales excitatorias llegan a través de las dentritas y se propagan hasta el cono axónico dónde se generan los potenciales de acción. Si la transmisión tiene que bloquearse, se hace a nivel del cuerpo celular que está situado entre el árbol dentrítico y el cono axónico.

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