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Las habilidades motrices son las habilidades que se adquieren como parte del desarrollo motor del individuo y que requieren el control y coordinación voluntaria de uno o varios grupos musculares. En estos movimientos participan de forma coordinada el cerebro, el sistema nervioso y el aparato locomotor.

Al nacer, el sistema nervioso del bebé es aún inmaduro. A medida que crece va desarrollando habilidades motrices que va perfeccionando y haciendo cada vez de forma más precisa. El conjunto de las habilidades motrices se pueden separar en dos grandes grupos, las habilidades motrices gruesas y las habilidades motrices finas:

  1. Habilidades motrices gruesas: son habilidades que implican músculos o partes del aparato locomotor relativamente grandes, como las piernas, brazos o tronco. Por ejemplo, mantenerse erguido, sentarse y levantarse, andar, correr o saltar.
  2. Habilidades motrices finas: son habilidades realizadas con movimientos muy precisos de músculos pequeños, como los músculos de los dedos, de los labios o de los ojos. Por ejemplo, coger un vaso o pintar requiere coordinación de músculos pequeños de los dedos, de la mano y de los ojos.

En ocasiones se distingue un tercer grupo, las habilidades motrices medias, para referirse a movimientos de músculos grandes sin desplazamiento del cuerpo. Por ejemplo, levantar los brazos o mantenerse sentado.

Desarrollo

Las habilidades motrices gruesas comienzan a desarrollarse antes que las finas. Aunque puede variar bastante, alrededor de los dos años de edad un bebé puede mantenerse de pie, caminar, correr o subir escaleras, todas ellas acciones consideradas habilidades motrices gruesas.

Es común que el desarrollo de las habilidades gruesas siga un orden de la cabeza a los pies. Los bebés aprenden primero a mantener el cuello y la cabeza, luego el tronco y brazos, y luego levantarse, mantenerse y caminar.

Las rutas neurológicas que controlan la coordinación balanceada de las dos piernas para el desplazamiento bípedo parecen estar presentes incluso antes de nacer, aunque los bebés no suelen aprender a caminar hasta aproximadamente 1 año de edad.

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Al final de la infancia y principio de la pubertad hay un aumento considerable en la velocidad de desplazamiento. Las habilidades motrices gruesas continúan desarrollándose a lo largo de la infancia y se van perfeccionando en todas las etapas de la vida hasta llegar a la vida adulta. El máximo rendimiento en las habilidades motrices gruesas se da generalmente antes de los 30.

Por su parte, las habilidades motrices finas comienzan a desarrollarse un poco después que las habilidades gruesas, aunque durante la mayor parte de la vida se desarrollan y perfeccionan a la vez. Participan en acciones que requieren movimientos más pequeños y precisos de labios, manos, pies y dedos, frecuentemente en coordinación con los ojos, por ejemplo sostener una cuchara, escribir o pintar.

Al igual que con las habilidades motrices gruesas, las finas comienzan a desarrollarse en orden cabeza-pies. Las primeras habilidades finas que controlan los bebés son movimientos de su cara, labios y lengua. Continúa con el desarrollo de habilidades finas básicas con sus manos, como agarrar, y finalmente con los pies.

Las habilidades motrices finas básicas se llegan a dominar a lo largo de la infancia y continúan desarrollándose a lo lardo de la pubertad y vida adulta fuertemente influenciadas por la práctica y mayor uso de ciertos grupos musculares, por ejemplo, tocar un instrumento musical. En este contexto, es frecuente que las habilidades motrices finas se refieran como destrezas.

Los problemas de desarrollo de las habilidades motrices, tanto gruesas como finas, se suelen tratar desde la fisioterapia, la terapia ocupacional y, en su caso, de la neurología.

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