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El amoníaco (hidróxido de amonio, NH3) es una sustancia muy utilizada en productos de limpieza domésticos, por ejemplo en limpiadores de cristales. También se puede comprar amoníaco diluido, disponible en cualquier droguería. Es una sustancia muy volátil que pasa a estado gaseoso rápidamente y es un gas con un olor fuerte característico.

La mayoría de soluciones de amoníaco para uso doméstico tienen una concentración entre el 5 y el 10%. Esta concentración no es tan fuerte como para dañar la piel de un adulto pero puede irritar ojos, nariz, boca y vías respiratorias tanto por contacto directo como por contacto con los vapores. Tomar medidas de precaución básicas, como mantener una buena ventilación durante su uso son suficientes para utilizar el amoníaco de forma segura para la limpieza del hogar.

Uso seguro del amoníaco

Al igual que la mayoría de productos de limpieza utilizados en el hogar, el amoníaco es potencialmente peligroso para las personas y las mascotas. Veamos las precauciones más importantes a tener en cuenta a la hora de limpiar con amoníaco y productos que lo contengan.

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Ventilación

Antes de comenzar a limpiar con amoníaco debes abrir las ventanas o conductos de ventilación. Si estos conductos de ventilación disponen de ventiladores se deben poner en marcha. Para más seguridad puedes colocar un pequeño ventilador en las ventanas para mejorar la circulación del aire. Lo niños y mascotas deberían salir de la habitación mientras se esté utilizando amoníaco ya que ellos son más sensibles a los vapores.

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Evita contacto con lejía y otros productos de limpieza

El amoníaco no se debe mezclar con ningún otro producto de limpieza doméstico ni detergentes, especialmente lejía y aquellos que contengan cloro.

Cuándo amoníaco y cloro se mezclan se produce una reacción química y se liberan gases muy tóxicos que provocan inflamación en las vías respiratorias promoviendo la acumulación de líquido en los pulmones. Otros síntomas producidos por los gases de cloro son dolor en el pecho, tos, sibilancias y respiración con dificultad, irritación ocular y náuseas. Toda persona expuesta a altos niveles de gases de cloro deben recibir atención médica lo antes posible.

Debido a esta interacción con el cloro, el amoníaco no debería ser utilizado sobre superficies que se hayan limpiado con lejía recientemente. Aunque no se mezclen directamente, los restos de producto podrían ser suficientes para desencadenar la reacción y producir gases tóxicos.

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Superficies adecuadas para limpieza con amoníaco

Las mayoría de encimeras de cocina, incluidas las de granito, vitrocerámica de vidrio templado o porcelana son algunos de los tipos de superficies más habituales que se pueden limpiar con amoníaco. Se puede mezclar una parte de amoníaco y dos de agua, poner en un pulverizador y utilizar de la misma forma que se utiliza cualquier limpiacristales o limpiador de superficies. El uso de pulverizador es especialmente útil en grandes superficies.

El amoníaco también es muy útil en la limpieza del baño y es el producto elegido por muchas personas para este espacio de la casa. Disuelve restos de jabón y cal de lavabos, bañeras y azulejos. También es excelente para limpiar las superficies de vidrio y metal como espejos, mamparas y accesorios del baño.

El amoníaco se evapora muy rápido por lo que no es necesario aclarar, sin embargo, es recomendable hacerlo, sobre todo si estás preocupado por la presencia de trazas de productos químicos o por los olores persistentes.

No debes utilizar amoníaco para limpiar superficies enceradas, por ejemplo parquet, ni superficies que tengan algún tipo de recubrimiento especial que pueda dañarse. Tampoco lo debes utilizar sobre telas. Alguna gente recomienda el amoníaco para eliminar manchas de alfombras y sofás, si quieres intentarlo prueba primero en una zona pequeña poco visible.

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Toxicidad

Según el Servicio de Información Toxicológica, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, el amoníaco es una sustancia tóxica que genera un gas irritante que puede producir quemaduras en las mucosas de ojos, nariz, boca, garganta y pulmones. La exposición a altas concentraciones de amoníaco puede llegar a producir la muerte.

Los síntomas de la intoxicación por amoníaco son tos, respiración con dificultad, dolor y sensación de quemazón en el pecho y ojos llorosos. También puede aparecer dolor e irritación en garganta y boca, inflamación de los labios, vómitos, alucinaciones, ceguera y alteración del ritmo cardíaco.

Los animales y mascotas expuestos al amoníaco desarrollan síntomas similares, especialmente la respiración con dificultad. También pueden lamer el amoníaco si caminan sobre superficies limpiadas con amoníaco y se impregna su piel y pelaje. Además hay que tener en cuenta que la mayoría de mascotas son más pequeñas que una persona y están más cerca de los gases. Los expertos recomiendan no utilizar amoníaco en presencia de animales y en caso de intoxicación llevar al animal a un centro veterinario donde reciba la atención adecuada.

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