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Prácticamente todos los nutrientes de la dieta se absorben a través de la mucosa del intestino delgado. La mucosa intestinal también absorbe y electrolitos, pero a diferencia de los demás nutrientes, el agua y los electrolitos también se absorben en el intestino grueso.

Una persona puede ingerir entre 1 y 2 litros de fluidos al día fácilmente, a los que hay que añadir entre 6 y 7 litros más de fluidos que aportan secreciones como la salival, estomacal, pancreática, hepática o del propio intestino. La mayor parte del agua contenida en esta fluidos, en torno al 80%, se absorbe en el intestino delgado, el resto en el intestino grueso.

Uno de los principales mecanismos que hace posible la absorción de agua es el establecimiento de un gradiente electroquímico, principalmente de sodio, entre el lumen o luz intestinal y el espacio extracelular en el lado basolateral de los enterocitos, que son las principales células del epitelio intestinal.

Para crear este gradiente, los enterocitos cuentan con un gran número de bombas sodio/potasio, también llamadas ATPasas Na+/K+. En ratas, un animal frecuentemente tomado como modelo para estudios sobre mamíferos, hay alrededor de 150 mil bombas de sodio en cada enterocito del intestino delgado, las cuales permiten a cada célula bombear alrededor de 4500 millones de iones Na+ por minuto hacia el exterior celular.

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Bombas de sodio en los enterocitos
Las bombas de sodio crean un gradiente osmóstico

De este modo, la absorción de agua es dependiente de la absorción de solutos, especialmente de sodio. El proceso se podría esquematizar en los siguientes pasos:

  1. Los iones sodio son absorbidos desde el lumen hacia el interior celular mediante diversos mecanismos, uno de los principales es el cotransporte junto a glucosa y aminoácidos, lo que hace que una absorción correcta de sodio necesite la absorción de algunos solutos orgánicos, aunque también se absorbe por otros mecanismos.
  2. El sodio absorbido es rápidamente expulsado al exterior basolateral de la célula a través de las bombas de sodio, lo que crea alta osmolaridad en los espacios intercelulares entre enterocitos adyacentes.
  3. El agua fluye mediante difusión simple en respuesta al incremento de osmolaridad creado por el gradiente de sodio. La mayor parte del agua es absorbida por vía transcelular, atravesando la célula, pero también difunde cierta cantidad a través de las uniones ocluyentes entre enterocitos.
  4. El agua y el sodio difunden desde el espacio intercelular a los capilares sanguíneos.

Se puede resumir que el gran número de bombas de sodio de los enterocitos elevan la concentración de sodio en el espacio extracelular y se forma un gradiente osmótico en favor del cuál fluye el agua.

Sin embargo, si se observa el proceso en su conjunto, puede parecer que el agua fluye en contra del gradiente osmótico, pues el bolo alimenticio va quedando cada vez más concentrado. Esta característica es muy importante, pues la asociación entre la absorción de agua y de electrolitos hace posible que se pueda absorber agua incluso cuándo la osmolaridad en el lumen es superior a la osmolaridad del torrente circulatorio.

En el intestino grueso, la función de absorción se limita al resto de agua que pueda quedar y a algunas vitaminas, como la vitamina K y la vitamina B12, gran parte de ellas liberada por las bacterias de la microbiota.

Referencias

  1. G I Sandle. (1998). Salt and water absorption in the human colon: a modern appraisal. PMCID: PMC1727220. Gut 43(2):294-299.

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