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Antisépticos y desinfectantes son productos químicos utilizados para matar o limitar el crecimiento de bacterias, virus y otros agentes patógenos. Es frecuente que ambos términos se utilicen de forma indistinta pero en el ámbito de las ciencias de la salud tienen una importante diferencia: los antisépticos son los destinados a un uso sobre tejido vivo y los desinfectantes son utilizados sobre objetos inertes.

Uno de los primeros investigadores sobre el uso de antisépticos y desinfectantes fue Ignaz Semmelweis. Este médico húngaro consiguió reducir en un 70% la tasa de mortalidad por infecciones durante el parto (sepsis puerperal) y realizó varios estudios epidemiológicos entre 1847 y 1856 relacionando esta reducción en la mortalidad con la higiene del personal que asistía los partos y el instrumental. Sin embargo, hasta que no se demostró la etiología de las enfermedades infecciosas a finales del XIX, los estudios de Semmelweis no fueron tenidos en cuenta.

Otro importante investigador en el uso de antisépticos y desinfectantes en la práctica clínica fue Joseph Lister. Este cirujano inglés consiguió reducir drásticamente la mortalidad de pacientes sometidos a cirugía mediante el uso de antisépticos. A partir de los trabajos de Lister, el uso de la antisepsia se fue gradualmente incluyendo en los protocolos médicos y en la actualidad forma parte de los procedimientos sanitarios básicos.

Diferencias y similitudes más destacadas

Antisépticos y desinfectantes comparten gran parte de sus características y mecanismos de acción. Incluso muchas sustancias pueden entrar dentro de ambos grupos. Por ejemplo, diversos alcoholes son utilizados como antisépticos y como desinfectantes, por ejemplo el etanol.

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En ambos grupos podemos encontrar sustancias con un amplio espectro de actividad que actúan sobre varios grupos de microorganismos, como bacterias, virus, hongos y protozoos. También hay sustancias en ambos grupos con actividad en sólo un grupo, incluso en subgrupos. Por ejemplo, los jabones de ácidos grasos saturados son especialmente eficaces contra bacterias gram negativas.

La diferencia clave están en que un antiséptico está destinado a su uso sobre tejido vivo mientras que los desinfectantes están destinados a su uso sobre objetos inertes. Esta diferencia hace que un antiséptico tenga que cumplir necesariamente con una característica: no producir daño sobre tejido vivo o producir un daño mínimo.

Esta diferencia fundamental, sin embargo, no es excluyente y muchas sustancias desinfectantes se pueden aplicar sobre tejidos vivos de forma segura, aunque generalmente a concentraciones más diluidas. Otras sustancias desinfectantes, por el contrario, nunca se podrían utilizar como antisépticos por el alto riesgo de daño en un tejido vivo.

Entre los antisépticos más habituales encontramos jabones, etanol, compuestos de amonio cuaternario, iodo, peróxido de hidrógeno, clorhexidina o el ácido bórico. Es bastante común que se utilice el término desinfectante para referirse a los antisépticos que se pueden aplicar sobre piel sana sin producir daño pero no sobre heridas. Es el caso del agua oxigenada, un antiséptico que destruye las células nuevas en las heridas y retrasa su curación pero que se puede utilizar a bajas concentraciones sobre la piel sana de forma segura.

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