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La mayoría de mujeres experimentan sangrado leve o moderado después de tener un aborto y se considera dentro de la normalidad, tanto en abortos naturales como inducidos. Sin embargo, un sangrado severo o con grandes coágulos puede ser señal de daño en órganos internos por el instrumental utilizado en el procedimiento y puede llegar a requerir intervención quirúrgica para reparar el daño. Un sangrando abundante o duradero puede deberse a infecciones secundarias que pueden desarrollarse especialmente si quedan restos de tejido en el útero. La aparición de fuertes calambres es síntoma frecuente del síndrome postabortivo cuándo el útero no es capaz de contraerse para expulsar la sangre y coágulos acumulados.

¿Cuánto dura?

Se puede experimentar sangrado vaginal hasta seis semanas como algo normal dentro del período de recuperación de un aborto. También es normal que se expulsen pequeños coágulos. Además, la menstruación regular debe volver en uno o dos meses y el sangrado menstrual puede parecer algo diferente a como era antes debido principalmente a los fuertes cambios hormonales. Estos cambios hormonales pueden desencadenar una menstruación más intensa, pero también más ligera, depende de la paciente y la situación. Esta alteración se irá normalizando en ciclos menstruales sucesivos.

La cantidad de sangrado puede variar según varios factores. Entre ellos el más importante es el estado del embarazo en el momento del aborto. De cuatro a siete semanas de gestación los abortos se practican con anestesia general y una máquina que succiona el feto del útero de la mujer y luego se realiza un raspado en las paredes del útero para eliminar restos de tejido que puedan quedar y prevenir infecciones. A partir del segundo trimestre puede ser necesaria la administración previa de medicación para relajar y ablandar la zona del cérvix antes de proceder a la succión.

Las mujeres que utilizan medicación abortiva también pueden experimentar un aumento de sangrado durante o después de que se produzca el aborto. Existen tratamientos farmacológicos abortivos que, según la evaluación médica, pueden tomarse hasta el primer mes o el segundo mes de gestación. No nos referimos a la píldora del día después, que es medicación destinada a impedir que se produzca el embarazo y que también puede desencadenar un ligero sangrado, sino a medicación abortiva utilizada una vez que la mujer ya está embaraza. Esta medicación siempre debe utilizarse bajo control y evaluación médica.

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Durante el segundo trimestre de gestación el sangrado que se produce tras un aborto puede ser similar al que se produce después de un parto prematura o a término. En este estado de gestación la paciente recibe medicación que provoca contracciones uterinas para expulsar el feto y la placenta. Posteriormente se realiza un raspado en el útero para asegurarse de que no quedan restos dentro que puedan infectarse. A estas alturas del embarazo los abortos suelen practicarse en casos en los que la vida de la madre o del hijo corran peligro.

Junto al sangrado, es común la sensación de calambres después de un aborto. Los masajes abdominales pueden aliviar bastante al ayudar al útero a volver a su estado anterior al embarazo a medida que la sangre y coágulos se van expulsando. El  masaje también se utiliza con el mismo fin después del parto.

Algunas mujeres continúan experimentando síntomas de embarazo después de que se les practique un aborto, incluso meses después. Esto se debe a que las hormonas deben volver a ajustarse y volver a niveles normales y esto puede tardar desde varias semanas a meses. Durante este tiempo la mujer puede sentirse cansada, con malestar y desarrollar un estado depresivo.

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