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En nutrición, los alimentos prebióticos y los alimentos probióticos son dos tipos de alimentos funcionales, que son alimentos que aportan beneficios para la salud más allá de la función exclusivamente nutritiva o alimenticia. Ambos promueven el desarrollo y actividad de la flora intestinal, de la que se obtienen numerosos beneficios para la salud humana.

La diferencia clave está en los ingredientes activos y en el mecanismo de acción: los alimentos prebióticos aportan sustancias que promueven el desarrollo y actividad de la flora intestinal mientras que los probióticos aportan microorganismos vivos que permanecen activos al llegar al intestino dónde son capaces de establecerse y multiplicarse.

Definición y características

No existe una definición exacta y consensuada entre la comunidad internacional para los términos prebiótico y probiótico, ni siquiera la hay de alimento funcional, lo que genera diferencias según el país, la normativa y las organizaciones que se consideren.

No obstante, en los conceptos básicos las definiciones son muy similares. Tomaremos como punto de partida la definición mostrada en el portal del EUFIC (European Food Information Council)1.

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Alimento prebiótico

El EUFIC define alimento prebiótico como un alimento funcional cuyos componentes activos son sustancias no digeribles que estimulan el crecimiento de la flora intestinal. Bajo está definición se pueden incluir la mayoría de fibras alimentarias, principalmente la fibra soluble. De hecho, algunos de los prebióticos más estudiados y utilizados, como la inulina, la oligogalactosa o la oligofructosa, son considerados fibra alimentaria soluble.

Los prebióticos han de cumplir estas tres características:

  • Resistencia a la digestión y a la absorción: han de llegar intactas al intestino para que puedan servir de sustrato para la flora.
  • Han de ser fermentables por la flora intestinal.
  • Han de promover de forma selectiva el desarrollo de microorganismos de la flora intestinal asociados a efectos beneficiosos para la salud.

Aunque la definición no hace referencia a efectos sobre un grupo específico de bacterias, en el ser humano se suele referir a bifidobacterias y bacterias del ácido láctico, especialmente lactobacilos. Estas bacterias de la flora intestinal mejoran la digestión en general, mejoran la absorción de minerales, refuerzan la efectividad del sistema inmune en el tracto gastrointestinal, disminuyen el riesgo de padecer cáncer colorrectal, mejoran trastornos inflamatorios crónicos (enfermedad de Crohn, colitis, etc) y podrían tener efecto antihipertensor.

La dosis diaria no parece ser un factor determinante en el efecto prebiótico de un alimento, cuya medida se suele realizar mediante el índice prebiótico, que se calcula dividiendo el número de total de bifidobacterias en heces entre la dosis diaria de prebiótico consumido2.

Además del uso para alimentos funcionales, el término prebiótico también es válido para cualquier sustancia que promueva el desarrollo de la flora en otras partes del cuerpo, por ejemplo en piel y mucosas.

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Alimento probiótico

El alimento probiótico es un alimento funcional que contiene microorganismos vivos que, ingeridos en cantidades adecuadas, ejercen un efecto beneficioso para la salud. Estos efectos se producen como consecuencia de la actividad fermentadora o por promover el equilibrio de la flora intestinal.

El concepto probiótico es atribuido a Iliá Méchnikov (Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908), quién sugirió en 1907 que la dependencia de la flora intestinal y la dieta podría hacer posible tomar medidas para modificar la flora y reemplazar microbios dañinos por microbios beneficiosos.

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Para que un microorganismo se pueda considerar probiótico en un alimento, ha de estar vivo al ingerirse, ha de llegar vivo al intestino y ha de poder establecerse y reproducirse en el intestino. Este requisito de estar vivo al ingerirse es un tema importante en la industria alimentaria pues afecta a la producción, transporte y conservación de los alimentos probióticos.

Además, los microorganismos probióticos, para ser considerados como tales, han de mostrar efectos beneficiosos para la salud en estudios científicos reproducibles en humanos. Los microorganismos mejor conocidos como probióticos son especies de Lactobacillus y Bifidobacteria.

Entre los efectos beneficiosos sobre la salud de los alimentos probióticos, destacan:

  • Mediante un mecanismo de inhibición competitiva, favorecen el descenso de las poblaciones intestinales de microorganismos potencialmente patógenos.
  • Fortalecen el sistema inmunitario.
  • Reducen los síntomas de algunas alergias.
  • Mejoran la digestión y tránsito intestinal.
  • Previenen la diarrea asociada a tratamiento antibiótico y otros procesos que cursen con desequilibrio de la flora intestinal
  • Mejoran los síntomas de enfermedades inflamatorias gastrointestinales tales como colitis, enfermedad de Crohn o el síndrome de colon irritable
  • Producen vitaminas esenciales para el humano (vitamina K, ácido fólico y vitamina B126) mejorando y previniendo sus deficiencias.

El hecho de que los alimentos probióticos se publiciten asegurando beneficios específicos para la salud hace que estén en el punto de mira de las autoridades sanitarias. Cada vez se pone más atención en los estudios científicos que avalen tales beneficios.

A pesar de ello, algunos de los alimentos probióticos más consumidos no están exentos de duda. Por ejemplo, yogures y productos lácteos fermentados con determinadas cepas bacterianas se publicitan asegurando beneficios para el sistema digestivo e inmunitario, sin embargo, existen estudios científicos que los ponen en duda7.

Probióticos como tratamiento farmacológico

El concepto de probiótico se utiliza también fuera del ámbito de la alimentación. En general, los probióticos son microorganismos que pueden colonizar cualquier parte de nuestro cuerpo en las que haya flora microbiana de forma normal y aportar beneficios para la salud.

Por ejemplo, además de los probióticos intestinales o alimentos probióticos, se puede hablar de probióticos orales, probióticos vaginales, etc.

También existen especialidades farmacéuticas que utilizan probióticos como principio activo; por ejemplo, el Ultra Levura® (Saccharomyces boulardii 17, utilizado como coadyuvante en procesos diarreicos) o el Isadin a Barcilus® (Lactobacillus plantarum P 17630, en cápsulas vaginales se indica como coadyuvante en tratamiento de infecciones vaginales y prevención de recurrencias).

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Alimentos simbióticos

La actividad probiótica y prebiótica puede darse a la vez en el mismo alimento. Esto alimentos se conocen como alimentos simbióticos y en ellos se combinan los microorgranismos vivos que pueden colonizar el intestino (efecto probiótico) con ingredientes que estímulan su desarrollo (efecto prebiótico).

Los alimentos simbióticos han sido aún poco estudiados pero se cree que es posible conseguir un efecto sinérgico mejorando el beneficio potencial de este tipo de alimentos funcionales por separado.

Referencias

  1. Documentos Básicos: Alimentos funcionales. Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC).
  2. Roberfroid MB (2007). “Prebiotics: The Concept Revisited”. The Journal of Nutrition. 137 (3 Suppl 2): 830S–7S. PMID 17311983.
  3. Roberfroid, M., Gibson, GR., Hoyles, L., McCartney, AL., Rastall, R., Rowland, I., et al. (2010). “Prebiotic effects: metabolic and health benefits”. British Journal of Nutrition 104 Suppl 2:S1-63. doi: 10.1017/S0007114510003363.
  4. Ger T. Rijkers, de Vos Willem M., Brummer Robert-Jan, Morelli Lorenzo, Corthier Gerard y Marteau Philippe. (2011). “Health benefits and health claims of probiotics: Bridging science and marketing”. British Journal of Nutrition 106 (9): 1291–6. doi: 10.1017/S000711451100287X.
  5. Vázquez Martinez, C.. (2005). Alimentación y nutrición: Manual teórico-práctico. Ediciones Díaz de Santos. ISBN 84-7978-715-5.
  6. Molina VC, Médici M, Taranto MP, Font de Valdez G (2009). “Lactobacillus reuteriCRL 1098 prevents side effects produced by a nutritional vitamin B12deficiency”. Journal of Applied Microbiology 106 (2): 467–473. doi: 10.1111/j.1365-2672.2008.04014.x
  7. de Benigo, E.. (26 de Octubre de 2011). Los yogures con probióticos no consiguen el beneplácito científico. elpais.com.

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