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La válvula de Recirculación de Gases de Escape, o válvula EGR (del inglés Exahust Gas Recirculation), es un componente muy importante de los coches y otros vehículos a motor, tanto gasolina como diesel. Esta válvula comenzó a utilizarse en los años 1960 para disminuir la emisión de gases contaminantes al aire. Si la válvula EGR se obstruye o se avería y funciona mal puede afectar al rendimiento del motor y puede provocar un relentí inestable, aceleración inestable, tirones, consumo elevado de combustible o un fallo completo del motor.

¿Cómo funciona?

La válvula EGR funciona devolviendo una pequeña cantidad de aire de escape de nuevo a la cámara de combustión para reducir la temperatura y que se produzcan menos óxidos de nitrógeno (NOx). Estos óxidos de nitrógeno forman un humo negro al combinarse con el aire (humo que no admiten en la ITV). Cuándo se requiere mayor potencia esta válvula se cierra para que haya más oxígeno en la cámara de combustión.

Existen dos tipos de válvulas EGR: mecánicas y electrónicas. Las mecánicas se abren y cierran en función de la presión que ejerce el aire, la cuál aumenta o disminuye según el trabajo del motor. Las versiones electrónicas utilizan componentes que responden a las concentraciones de oxígeno para regular la entrada de aire y recirculación de gases.

Problemas de funcionamiento y su diagnóstico

Tanto si la válvula EGR permanece siempre abierta como si se queda siempre cerrada, provocará problemas de rendimiento y puede que algunos problemas mayores. Según datos publicados por el Grupo Red Europea de Garantía de Vehículos, problemas en las válvulas EGR es la avería más frecuente en coches que aún están en período de garantía.

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Si la válvula se atasca y se queda siempre abierta llenará la cámara de combustión de gases de escape. Esto lleva a una combustión ineficiente o irregular debido a la baja cantidad de oxígeno presente en la cámara, oxígeno que es imprescindible para una correcta combustión. Se puede comprobar si se ha quedado abierta arrancando el coche parado y con el freno de mano y observando si el émbolo permanece abierto.

En el caso contrario, si la válvula se atasca y se queda permanentemente cerrada, aumentará la producción de óxidos de nitrógeno y con ello la emisión de humo. Para verificar este fallo se puede arrancar el motor y, dejando el coche parado con el freno de mano, acelerar y calentar el motor para comprobar si la válvula se abre.

En ambos casos es posible que la válvula EGR requiera tan sólo una limpieza. Esta limpieza es más fácil en válvulas mecánicas. En las válvulas electrónicas es más probable que se necesite sustituir la pieza completa por una nueva. Esta válvula es cara por lo que deberías acudir a un taller de confianza para asegurarte de que necesita ser cambiada y no reparada o limpiada. El tener la válvula EGR funcionando mal no suele dar problemas de seguridad en el vehículo pero acortará la vida del motor y emitirá un montón de contaminación.

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